Desde Botswana-África, Darío Figueroa nos comparte su experiencia misionera.
Con mucha alegría les escribo desde Botswana (África), donde me encuentro haciendo mi experiencia de formación transcultural (OTP-PFT). Llegué el 14 de marzo de este año, luego de haber estudiado inglés en la Provincia de Chicago (Estados Unidos).
Primeramente les comparto mi proceso vocacional. Nací en 1988 en la ciudad de Villa Allende, que se encuentra al límite norte de Córdoba capital. Cuando tenía 15 años comencé mi preparación para recibir el sacramento de la confirmación. Durante este proceso, participe de un retiro llamado “Semilla”. Este retiro se basa en la parábola del sembrador y el objetivo es que el joven sea el evangelizador de otro joven.
Fue tan grande mi experiencia de Jesús, que decidí seguir participando en el grupo y brindando el mismo retiro a muchos otros jóvenes. Con el tiempo y mi trabajo en la parroquia, sentí el deseo de dar más de lo que estaba dando, y eso que pasaba mucho tiempo en la parroquia, lo cual me llevó a buscar un compromiso mayor.
Lo primero que pensé era ser sacerdote diocesano, ya que el párroco era diocesano, pero en el fondo de mí no me sentía atraído por el estilo de vida de los sacerdotes diocesanos. Después de años de seguir con la inquietud y no sentirme atraído a lo que conocía, tras mucha oración y pedido a Dios de que no me buscara más, conocí al Verbo Divino, fue ahí que me sentí en mi casa el primer día que visité la comunidad. En aquel tiempo comencé mi proceso vocacional con el P. Cristian Andelique, quien me acompaño por más de un año hasta entrar a la comunidad.
Durante mi proceso vocacional y postulantado, conocí más la vocación de Hermano, algo que sin saber bien que era, me sentí atraído y motivado. Durante el noviciado, decidí tomar mis votos como Hermano y, desde ese momento, me siento más conforme y feliz por lo que he elegido.
En Córdoba estudié para ser profesor en Ciencias Sagradas y pienso seguirme formando para acompañar el proceso de crecimiento en la fe de los demás.
Mi experiencia transcultural en Botswana
Mi primera aproximación a la Provincia de Botswana fue visitar las comunidades del distrito. Botswana es un país muy pequeño, con mucha diversidad cultural, y es uno de los países más estables de la región, por lo tanto, muchos migrantes deciden venir en busca de un mejor futuro. El número de católicos se estima alrededor de 100.000 (cien mil), de los cuales la mayoría están en la diócesis de Gaborone (capital de Botswana), donde su obispo era Mons. Frank svd, quien fue recientemente asignado a otra diócesis más pequeña.
Estamos en la diócesis de Francistown (alrededor de veinte mil católicos), en la cual está la mayoría de las comunidades SVD. La presencia SVD en la diócesis de Francistown es importante, ya que no cuenta con muchas vocaciones y sólo la presencia de dos congregaciones religiosas masculinas. Las parroquias prestan el servicio de jardín de infantes para los niños que se inician en el sistema educativo y también otros espacios para la contención de jóvenes y mujeres.
Ahora me encuentro viviendo en la comunidad San Arnoldo, donde funciona una escuela primaria con 130 estudiantes, y pronto empiezo a estudiar la lengua local (Setswana). Somos 15 misioneros en el distrito (que es la presencia en Botsuana). Me encuentro adaptándome a los tiempos y costumbres de la gente local. También ayudo en pequeñas cosas en la escuela donde vivo.
Un saludo muy grande para todos. Unidos en el Verbo.
Darío Figueroa
Estudiante SVD Argentino
