+ 13.12.2020 (1927-2020) / 27 46 48 54 55

“Cualquiera que sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor, no para los hombres”
(Col 3,23)
Juan Frank nació el 12 de agosto de 1927 en Valle María, provincia de Entre Ríos. Sus padres, Enrique Frank y María Gassmann, pertenecían a los alemanes provenientes del Volga y que, llegados a estas tierras, se transformaron en una de las familias pioneras de la zona. De ellos Juan recibió una formación sólida en valores humanos y religiosos.
El P. Juan cursó toda su formación religiosa misionera en el Colegio Apostólico de Rafael Calzada. Ingresó al noviciado el 1 de marzo de 1946, luego de algunos años de estudios propedéuticos en la misma casa de formación. Profesó sus primeros votos el 1 de marzo de 1948, y su profesión perpetua fue el 1 de marzo de 1954. Al año siguiente, el 9 de enero, recibió la ordenación sacerdotal en Rafael Calzada.
Su primer destino misional fue España, naciente provincia verbita por entonces, donde se desempeñó como prefecto en Estella y en Coreses desde el 29 de junio de 1955 hasta 1968. En marzo de 1969 regresa a Argentina y asume como prefecto en el seminario de Corrientes y luego como profesor en el seminario de Esperanza hasta el 1973.
Sus muchos servicios pastorales se circunscribieron en lo que hoy es para nosotros el Distrito Santa Fe-Entre Ríos. Desde marzo de 1974 hasta el año 2017 asumió diversas responsabilidades pastorales en San Jerónimo Norte (Santa Fe), en Seguí, María Luisa y Crespo (Entre Ríos). En 1977 vuelve a su pueblo natal como párroco y en 2005 regresa a Crespo hasta el año 2017.
En el año 2017 se integra en la casa de cuidado para mayores, en Valle María; construcción que se levantó en el terreno de su casa paterna y que él mismo acompañó en todo el proceso de edificación desde los cimientos.
El P. Juan era una persona tremendamente inquieta, enérgica y trabajadora. Aún en medio de esta pandemia (Covid-19), él pedía de salir a visitar los hogares y llegar a los enfermos con el sacramento de la unción. Hasta sus últimas horas, acató las restricciones del Hogar, pero sin comprender por qué él, en su carácter de capellán, debía estar allí como un internado más. Su último pedido fue el ser trasladado a una parroquia para servir pastoralmente.
Lo que muchos recordaremos de Juan serán sus memorias de la infancia y sus memorias de España. En cada diálogo con él, ambos temas estaban presentes, como queriendo saborear y disfrutar sus relatos de sus primeros años de vida y sus primeros años de misión.
En horas de la mañana del domingo 13 de diciembre 2020, el P. Juan partió a la casa del Padre. Lo encontraron en su habitación ya sin vida. Tenía 93 años de edad y gozaba de mucha lucidez, aunque su sistema cardiorespiratorio ya venía acusando mucha fragilidad desde años. Como había sido su sueño, pasó su última etapa de la vida en su propia casa paterna, convertida ya de algunos años en Hogar de ancianos y Geriátrico.
Fue velado algunas horas en el templo parroquial de Valle María y seguidamente sepultado en el cementerio local. Por razones del protocolo del COVID, todo tuvo que realizarse en el mismo día.
Agradecemos a Dios por el don de la vida y la vocación del P. Juan y rogamos por su eterno descanso. Que nuestros santos Arnoldo y José lo reciban en la gloria que no tiene fin.
He tenido a este hombre como inspiración
El Provincial de España (país en el que el P. Frank trabajó varios años), escribió en el boletín provincial el siguiente sentido artículo-homenaje en memoria del P. Juan.
Los alumnos que ingresaron en Estella desde 1956 hasta septiembre de 1961, seguro que conocieron a este hombre inquieto y lleno de energía. Músico, profesor de Lengua Española y de Física y Química. Los que entraron en Coreses en septiembre del 62, se estrenaron con él como prefecto “padre y maestro”. Eran los del curso de Adolfo del Valle.
¿Quién no escuchó sus gritos cuando en la capilla desentonábamos o no salían las cosas como a él le gustaban? ¿Quién no recuerda las maravillosas Noches Buenas con aquella iluminación navideña, vidrieras hechas de cartón y papel celofán-seda, en las escaleras del colegio de Coreses frente a la Estrella iluminada, de innumerables puntas, hecha de un armazón de madera ideado y realizado por sus propias manos, con un niñito Jesús dentro, mientras los alumnos que mejor cantaban, representaban el misterio del Nacimiento con San José y la Virgen entonando aquellos cantos que nos elevaban a otros hemisferios, cuando representaban la búsqueda de posada y eran rechazados por el posadero ingrato? Emilio del Teso, José Antonio Rodríguez, Pedro Alonso… por nombrar algunos que se quedaron en mi memoria grabados para el recuerdo.
Son tantos los momentos que se me agolpan en la cabeza y en el corazón, que no puedo negar que siempre he tenido a este hombre como inspiración. Por algo me tocó heredar sus gubias y pinceles del taller de la encuadernación y la guillotina, que ahora adorna herrumbrosa el jardín de Estella, frente a la Editorial. De allí salió el cantoral que hasta hoy conservo un par de ejemplares, en el que podemos encontrar los himnos de los patronos de nuestros cursos, como el de San Luis Gonzaga o de San Ignacio. O las misas de la Santísima Trinidad o de San José, con letra de Ponzo y música de Frank.
Los dos, Elso Ponzo y Juan Frank, habían venido de Argentina juntos, en el 1956, eran del mismo curso y amigos, aunque uno fue destinado a Coreses y el otro a Estella, luego se volvieron a encontrar en las tierras castellanas, hasta que Ponzo fue a emprender una nueva aventura como promotor vocacional en Cizur Menor y no tardando la enfermedad lo llevó de Vuelta a la Argentina, desde donde se fue a la Eternidad un 8 de febrero. Frank se ha ido con Santa Lucía, que debe ser parienta de Santa Cecilia.
Los últimos cincuenta años de su vida misionera los pasó en Argentina. El P. Frank ha estado en varias parroquias y los últimos tiempos quiso convertir la casa de su familia (en Valle María), en una residencia para ancianos “necesitados” donde él ha vivido y terminado su obra musical, pedagógica y evangelizadora.
Suponemos que allá podrán seguir componiendo canciones y escribiendo poemas e himnos los compañeros del curso. Capaz que monta un taller OPF J. Frank, para no dejar parar a los compañeros con los que le toque cantar o tal vez dirija con los “coros celestiales” alguna misa de Angelis o de Perosi.
¡Que descanse en la paz del resucitado!
P. Macario Villalón svd
Superior Provincial – España
