
Estamos transitando el tiempo de cuaresma, un verdadero camino hacia la Pascua. Cada vez que recorremos este camino con intensidad, es una verdadera experiencia liberadora que nos llena de fuerzas para seguir afrontando las cruces de cada día. En esta cuaresma 2021, en medio de la pandemia que estamos atravesando, es oportuno reflexionar sobre el encuentro con Dios en la fe, que nos ayudará a fortalecernos como personas.
El camino de la cuaresma es un momento especial de recogimiento, que nos abre las puertas al encuentro con Dios a través de la oración. El espíritu cuaresmal invita a volvernos a Dios, tomar consciencia de la necesidad de conectarnos con nuestro Dios en la fe, especialmente, en medio de tantas adversidades que nos toca enfrentar en la vida.
Desde pequeño hemos aprendido que el templo es el lugar privilegiado de encuentro con Dios. Sin embargo, sabemos que Él está presente en todo el universo y en todas las criaturas. Cualquier lugar es digno para el encuentro con Dios, para amarlo y santificarlo. Por la medida en que reconocemos esta presencia en nuestro alrededor, seremos capaces de cuidarnos los unos a los otros y a reconocer el rostro de nuestro Dios presente en el hermano necesitado. Este encuentro se fortalece en nuestras prácticas cuaresmales de oración, ayuno y caridad que nos acercan a Dios y a nuestros hermanos.
El Papa Francisco, en esta cuaresma con un contexto muy especial por la pandemia, nos invita a llenar el corazón con la esperanza del encuentro con Dios. Frente a tantos encuentros, festejos, reuniones y abrazos que nos falta en este tiempo, él nos recuerda que la esperanza es como el “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino. Jesús mismo en el anuncio de su pasión, también manifiesta la esperanza, al decir que “al tercer día resucitará” (Mt 20,19). Nos abre las puertas del amor y la misericordia de Dios, que nos hace superar todas nuestras miserias humanas, debilidades, errores e injusticias.
El Papa Francisco, en esta cuaresma, nos invita a fortalecer nuestros encuentros con los seres queridos. Pretende que estemos más atentos a “decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser “una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia” (ibíd., 224).
En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión. Por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.
Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios lo resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).
Los invito, a que en medio de esta pandemia, seamos templos vivos para que muchos puedan encontrarse con un Dios lleno de amor y misericordia. En este tiempo tan especial, cargado de grandes desafíos, hemos tenido oportunidad de experimentar la novedad de ser nosotros mismos templos vivos, de adaptarnos con mucha creatividad individual y comunitaria para celebrar y compartir la fe. Ojalá que, en esta cuaresma, seamos capaces de abrir las puertas al encuentro con Dios y el hermano.
P. Juan Rajimon svd
