
Estamos viviendo el tiempo de la pascua, y es una buena oportunidad para profundizar el misterio pascual para que sea el corazón de nuestra fe cristiana, especialmente en estos tiempos de tantas incertidumbres. Es el momento de fortalecer nuestra confianza en un Dios que nos invita a vivir la experiencia de la resurrección en carne propia, cuando nos rodean tantas realidades que nos generan miedo, angustia y preocupación.
La resurrección de Jesús nos invita a confiar en la persona de Jesús, que nos dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá» (Jn 11,25). La resurrección de Jesús, al tercer día y su aparición a los discípulos, nos anima a fortalecernos en el gran misterio de nuestra fe. Su triunfo definitivo sobre la muerte, nos revela que confiamos en un Dios de vivos y no de muertos. Como cristianos, por el bautismo participamos en la muerte y resurrección de Cristo y estamos llamados a anunciar esta buena noticia con mucha alegría y gozo.
Para vivir la alegría pascual y poder anunciar la buena noticia de la resurrección, necesitamos vivir una espiritualidad pascual que nos transforme en verdaderos testigos de la experiencia de la resurrección. Para los apóstoles, el simple hecho de la resurrección de Jesús era motivo de alegría, sin embargo, su presencia les daba miedo, ya que no sabían cómo vivir y anunciar esta alegría. Más de una vez, el mismo Jesús resucitado se acercaba a los apóstoles con un mensaje de esperanza: “la paz esté con ustedes”. Pidamos a Dios para que haga con todos nosotros lo que hizo con los discípulos, que tenían miedo a la alegría, es decir, que abra nuestra mente, que nos haga comprender que Él es una realidad viva, que tiene cuerpo, está con nosotros y nos acompaña.
La pascua de Cristo nos invita a abrirnos en diálogo fraterno unos con otros. Como nos recuerda nuestro querido Papa Francisco en su mensaje pascual: “la resurrección de Cristo nos llama a cuidar el bien común y a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y marginados”, porque sólo la fraternidad “puede garantizar una paz duradera, vencer la pobreza, extinguir las tensiones y las guerras y erradicar la corrupción y la criminalidad”. La fraternidad y la alegría de compartir, es el estilo de vida que marca la resurrección de Cristo, es lo que nos lleva a la verdadera paz entre personas, familias y comunidades.
Para mantener viva la alegría de la resurrección, debemos conservar un corazón fortalecido con el espíritu de la confianza en Dios, a través de la oración y la escucha a la voz del espíritu. Es lo que permitió a la primera comunidad cristiana superar tantas adversidades y lanzarse a la obra evangelizadora con el poder del Espíritu Santo. Es la fuerza del Espíritu la que nos anima a enfrentar las cruces de la vida, para la mayor gloria de Dios.
Que esta pascua de resurrección que hemos vivido como familia y como comunidad, nos siga fortaleciendo en medio de tantas dificultades que atravesamos como sociedad. Que la alegría de la resurrección nos acompañe y seamos enriquecidos con el amor de Cristo, que nos anima y acompaña en todo momento.
P. Juan Rajimon svd
