+ 17.08.2021 (1942-2021) / 42 80 81 84 85

“Feliz el hombre que es como el árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan”
(Sal 1,1.3)


Ricardo Aníbal Pavón nació el 11 de octubre de 1942 en Médanos, diócesis de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Cipriano Pavón y Mariana Pronotti, sus padres, dieron a luz una familia de tres hijos: Raúl, Betty y Ricardo, el menor.

En los años 70 Ricardo tomó contacto con la Congregación del Verbo Divino, y promediando la mitad de la vida, el 1º de marzo de 1980 ingresó al noviciado de Alta Gracia, Córdoba. Allí mismo profesó sus primeros votos religiosos en 1981. En marzo de 1984 consagró definitivamente su vida por la causa del Evangelio, en el Colegio Apostólico San Francisco Javier, y el 8 de diciembre de 1985 fue consagrado sacerdote en Pilar, provincia de Buenos Aires.

Su trayectoria misionera da cuenta de varios cambios y transiciones. La misma se inició por un breve período de tiempo en Colombia. Luego regresó al país para colaborar en la pastoral de nuestras parroquias, pasando por Godoy Cruz (Mendoza), Pigüé (Buenos Aires), San José (Esperanza) y, más recientemente, San José de Crespo (Entre Ríos). Por razones de salud, él mismo solicitó residir en el Hogar San Javier desde el año 2010, con un breve paréntesis en Entre Ríos.

Ricardo se destacaba por su resonante voz que sobrepasaba toda capacidad auditiva de sus oyentes. Su personalidad afable y cercana cosechó muchos gestos de afecto y amistad entre la gente. Poseía un sentido del humor propio y mantuvo siempre un perfil más bien bajo, gozando de los momentos de charlas y meriendas compartidas. Concurría con agrado a las comunidades cercanas para la celebración de la eucaristía y su presencia era apreciada por el laicado.

Sus días en el Hogar San Javier transcurrieron serenamente, con mucho tiempo para el silencio y la meditación, algo que Ricardo llevaba siempre dentro como una inclinación particular. Sus dotes de peluquero, como tantas otras cualidades, fueron bien aprovechados por los cohermanos en el Hogar. Si bien su estado de salud acusaba una cardiopatía controlada, su repentina muerte nos sorprendió este mediodía. Como cada día lo hacía, Ricardo se levantó y tomó su desayuno. Fue durante el almuerzo que lo encontraron sin vida en su cuarto, en la postura que él más disfrutaba, sentado y con los pies apoyados en una silla.

La misa de resurrección se realizó el miércoles 18 de agosto a las 10 hs, en Rafael Calzada. Seguidamente, sus restos fueron inhumados en el cementerio del Hogar San Javier.

Querido hermano Ricardo, descansa en paz. Que el Dios Uno y Trino, por la intercesión de nuestros Santos Arnoldo y José, te acoja en su seno maternal.