El próximo domingo estamos celebrando un día muy especial, rendiremos honor a todas aquellas personas que nos han transmitido la vida y que sigue asumiendo esta hermosa vocación y don de la maternidad. La celebración del “Día de la Madre” es una oportunidad para reflexionar sobre este don que es un regalo de Dios para toda la humanidad.

Celebrar el día de la madre es una invitación a honrar la vida. Cada mamá, representa el don de la vida que celebramos en cada nacimiento. La llegada de cada ser, es una experiencia única, llena de ilusiones y esperanzas, nos abre a un Dios de la vida. El “sí” generoso de cada mamá, es un regalo para celebrar y para dar gracias a Dios por esta bendición.

Esta celebración no sólo queda en el reconocimiento a las madres biológicas, sino que va mucho más allá, porque cuando hablamos de maternidad son muchas las personas que cumplen esta vocación con amor y dedicación, cuidando y nutriendo la vida de tantos niños y jóvenes. Cuando celebramos el don de la maternidad agradecemos a Dios por todas aquellas personas que, junto a nuestras madres, siguen cumpliendo esta misión de amor y generosidad: las madres adoptivas, tías, abuelas, hermanas mayores, madrinas, familiares, amistades, empleadas, maestras, religiosas, que tantas veces han ocupado ese lugar en nuestra vida sin ser nuestras madres biológicas. A todas ellas las honramos con cariño y vaya nuestro reconocimiento en este día.

La maternidad nos invita a reconocer y celebrar esta vocación innata de cuidar y nutrir la vida de los hijos, asumiendo dolor, sufrimientos y sacrificios para seguir dando vida en todo momento. Se trata de una entrega fecunda y total, con paciencia y amor incondicional. Ellas nos dan el ejemplo de un trabajo incansable, cercano y representan fortaleza en nuestras caídas y desalientos, empujones en nuestros cansancios, pero por encima de todo, la gran capacidad de alegrarse no por lo que sienten y viven, sino por los éxitos de sus hijos. Viven descentradas de ellas mismas, para vivir centradas en el amor hacia los demás.

En este día, como sociedad, es bueno que podamos buscar respuestas a tantas situaciones donde la maternidad está en peligro y está siendo vulnerada: en centenares de familias en que las madres llevan adelante un embarazo en medio de la pobreza y la marginación; las madres que sufren violencia y maltrato; las madres que muchas veces tienen que enfrentar la vida solas junto a sus hijos.

El mismo Jesús en el anuncio del Reino de Dios tenía una predilección por los niños y las mujeres que vivieron la marginación en aquellos tiempos. Que nuestra celebración del Día de la Madre, sea una oportunidad para revalorizar este hermoso don, como nos dice el teólogo José Antonio Pagola: “el reino de Dios consiste en una comunidad donde hay mujeres y varones que, al estilo de Jesús, saben abrazar, bendecir y cuidar a los más débiles. En el reino de Dios, la vida se difunde no desde la imposición de los grandes, sino desde la acogida a los pequeños. Donde estos se convierten en el centro de la vida, ahí está llegando el reino de Dios. Ésta fue, probablemente, una de las grandes intuiciones de Jesús”.

Que este festejo del Día de la Madre, sea una nueva oportunidad para realzar el don de la maternidad. Para quienes tenemos a nuestras madres en el cielo, les pedimos que sigan intercediendo por cada uno de sus hijos. Que la Virgen María, modelo de madre generosa, las acompañe en este día. A todas las madres que han dicho SÍ a la vida de tantos hijos, felicidades y bendiciones en esta misión.

P. Juan Rajimon svd