Héctor Arrúa, Verbita argentino en Cuba, nos comparte su vida y trayectoria misionera en este país.

Quizás porque así aprendí a caminar hace 53 años, es que, hace 16 ando así mi vida misionera en Cuba. Casi todos estos años los he vivido en el oriente, concretamente en la provincia de Holguín, salvo un brevísimo tiempo en La Habana.
Por aquí llegó la Palabra y su Madre con la cruz
Soy uno de los pocos privilegiados de compartir la misión en el mismo suelo y junto al mismo mar por donde llegó la Palabra a toda América y el Caribe: la “Playa Bariay”, lugar que según los anales maravilló a Cristóbal Colón y le hizo proclamar: “esta es la tierra más hermosa que jamás vieron los ojos humanos”. Un siglo después, por la Bahía de Nipe, en lo que hoy es nuestra parroquia de Mayarí, con Jesús en brazos y en su mano la cruz, llegó para quedarse la Virgen de la Caridad. Si algo faltaba a la tierra holguinera para ser de misión y de mártires misioneros, san Antonio María Claret, regó con su sangre el atrio de la actual Catedral de Holguín.
De la tierra del caudaloso río a la ciudad de la cruz [1]
Varios de los Misioneros del Verbo Divino en Cuba dimos nuestros primeros pasos en la parroquia “San Gregorio Nacianceno” de Mayarí, pueblo lindo y de gente linda, cuyo mayor orgullo y dolor de cabeza es su río[2], a él le debemos la fertilidad de la tierra y “chapuzones” veraniegos, y de él sufrimos los peores desastres naturales de la historia. Para ilustrar esto último, me permito evocar un chascarrillo que puede resultar vulgar, pero que, desde tiempos inmemoriales está grabado en el corazón y sentir mayarisero: “Mayarí, Mayarí, me cago en ti y en el cabrón de mi tío que me trajo aquí”[3].
En este pueblo acompañado por el P. Juanito Banog Banog, un filipino que con sólo 52 voló para el cielo y del P. Martín Tali Meta que hoy presta su servicio misionero en Hidalgo, México, di mis primeros pasos misionero en la Isla. Si algo vivo queda de mi paso por esa comunidad es la obra musical navideña: “Guajirito, un canto a la vida” que compusiéramos con el profesor Rafael Skires (lo mío fue la letra).
Cuando empecé a hacer pie en Mayarí, me enviaron junto a otro río, que no tiene chascarrillo, pero con idéntico “pelo y señal” que éste: “Sagua de Tánamo”; en la parroquia Santísima Trinidad estuve hasta diciembre del 2012. Durante esos seis años compartí con varios cohermanos, pero básicamente con el P. Paco (filipino) y Lucas (eslovaco); en ese entonces la parroquia abarcaba los tres municipios de Moa, al este, hoy parroquia “San Pablo”; Sagua de Tánamo al centro y Frank País, en la actualidad parroquia “Sagrado Corazón”.
La organización pastoral en esos años era más o menos así: yo era medio párroco del municipio de Moa y me encargaba de toda la pastoral de niños y adolescente de toda la parroquia. En Moa mi esfuerzo estaba en orden a las visitas de las familias, la formación bíblica y poco a poco ir sentando las bases para lo que hoy es la nueva parroquia. En cuanto a la Pastoral de niños y adolescentes, pasaba por estar con ellos (sólo un domingo en el mes no estaba en sus encuentros), preparábamos lectios divinas en forma de teatro, visita de casas en algún momento del año y por supuesto los campamentos de formación y recreación.
Como la “necesidad tiene cara de hereje”, el obispo me llamó a integrar la “Comisión Diocesana de Misiones” y al poco tiempo de eso, a que sea su director. Este servicio traté de hacer a lo largo de esos cinco o seis años en que también participé de la “Comisión Nacional”. El mismo rostro “herético” me llevó a integrar la Junta Diocesana de Religiosas/os, en un primer trienio como secretario y un segundo como presidente.
Cuando la Congregación del Verbo Divino cumplió 25 años de presencia misionera en Cuba, nos propusimos la creación del Centro Bíblico “San José Freinademetz”, este cometido significó la reorganización comunitaria y misionera; el P. Juanito Banog Banog que estaba en Yara, provincia de Granma y el P. Sergio Bertram que era párroco en La Habana, iban a Holguín para fundar el “Centro” y yo dejaba Sagua, para recalar por un tiempecito en la Capital de todos los cubanos.
Entre marzo del 2013 y octubre del 2014, estuve allí, fueron unos meses duros para mí, quizás los más bravos en estos años misioneros, pero no por eso menos lindos y sabrosos. En esos meses quisimos iniciar la formación con un aspirante, la pregunta fue ¿quién lo acompaña? no había que dar muchas vueltas para dar con la persona: el P. Juanito… y entonces otra vez “la batidora” o la “ruleta”, él de formador y yo, al “Centro Bíblico”.
Entre los años 2014/15 varios cohermanos, por diferentes razones, dejaron el Distrito, esa situación obligó a que el P. Sergio Bertram asumiera la parroquia de Sagua y yo quedará solo en el “Centro Bíblico”. Desde nuestra llegada al Centro, aparte de los servicios propios, siempre apoyamos en distintos lugares de la Diócesis, pero un día el obispo me pidió que le dé una mano por tres meses y asumí la parroquia de Vista Alegre en la ciudad de Holguín por cuatro años. Poco antes que dejara esta parroquia y mis superiores acordaran la asunción de la parroquia “San Joaquín y Santa Ana” y establecer allí la sede del “Centro Bíblico”, Mons. Emilio me pidió que le “tire un cabo” en la Parroquia de Buenaventura, unas comunidades que distan más o menos 55 km. de Holguín, unos montes llenos de gente buena y linda; a estas comunidades las acompañé hasta mi salida en junio pasado.
Cuando le dan de comer…
Tal vez por aquello que dicen los que saben: “el burro siempre vuelve donde le dan de comer”, al regresar a Cuba, retorno a la parroquia “Santísima Trinidad” de Sagua de Tánamo.
Anécdotas
Si tuviera que destacar algunas entre muchas, las visitas de los Papas Benedicto XVI y Francisco son cimeras. La primera por lo que significó el diálogo con diferentes funcionarios e instituciones del Estado durante la preparación y durante el viaje a la Misa en Santiago de Cuba. La segunda porque me tocó muy de cerca el hecho que se realizara en nuestra Diócesis y la confianza que el Obispo depositó en mí para llevar adelante algunos servicios, en lo previo y durante la Misa en la Plaza Calixto García.
El diálogo con el mundo sincrético de origen afro o espiritista. Todo un desafío misionero; un DE-LI-CA-DO desafío misionero.
Una imagen del dolor
Ver llorar toda una Iglesia (la Iglesia del Nazareno) después de un accidente aéreo[4] en el que perdieron la vida 10 matrimonios Pastores, allí también contemplé la aguerrida esperanza de una madre, que perdió a su hija y yerno. Aún resuena en mi corazón, las palabras de Mayra, la Mora que esa tarde no pasó cantando, sino que me dijo: “voy a orar por ese angelito –su pastor– que me enseñó a amar a Dios”.
La razón de la alegría compartida
La Virgen de la Caridad, la Madre de todos los cubanos/as que, aunque sigamos a los tumbos, nos levanta y anima a seguir caminando.
P. Héctor Arrúa svd
Misionero argentino en Cuba
[1] La identidad de la ciudad de Holguín es la “Loma de la Cruz”, lugar de oración de los devotos, recreo de los que buscan descanso y de entrenamiento de los deportistas. Desde este sitio se trazó el ejido urbano de la ciudad.
[2] Es un río corto y angosto que nace en la Sierra Cristal y desemboca en el mar Caribe, en este momento sus crecidas son reguladas por la “Presa Mayarí”, también conocida como “Melones”.
[3] Se lo atribuye a un agricultor español que perdió todos sus bienes en una de las crecidas del río Mayarí.
[4] Caída de un avión a pocos km del despegue en La Habana y que tenía como destino Holguín, sólo sobrevivió una persona.
