
Como misioneros estamos invitados a caminar al mismo paso en el mundo y en la Iglesia. Así saborearemos los frutos que el árbol de la sinodalidad ha producido en los dos sínodos africanos. En la Amazonia, ha abierto un nuevo horizonte para la cooperación misionera. Somos igualmente provocados para viajar por las rutas del diálogo de verdad y de amor, en los contextos, algunas veces, complejos y difíciles, como el de China. Redescubrimos también la misión en la dimensión ecuménica, al enriquecernos de la experiencia de la sinodalidad vivida por las Iglesias hermanas.
- Leer revista de Misionología (Spiritus, Nº 245)
