En un compartir sobre la misión con mi hermano Verbita, el P. Akuila, que proviene de Oceanía, después de dos semanas de vivencia con él en Neuquén, me dejó un buen ejemplo.

En primer lugar, sobre sus experiencias de misión en la Provincia, las palabras que quedaron grabadas y resonaron en mi corazón fueron: “Tú tienes conocimientos, anda y deja que la gente te enseñe a celebrar y vivir”. También me dejó otras tantas sabidurías que aprendió en su formación en Australia. Esto ha sido lo básico y fundamental para su vida de discipulado, yo no lo pude dudar porque en el compartir pude ver la coherencia en sus palabras, sobre todo cuando me comentaba sobre la cultura de la Pachamama, como una fiesta de alegría del evangelio que predicamos.

Me dio mucha alegría porque algunos hermanos nunca admiten estas cosas de esta manera, todo lo contrario, criticar, condenar e imponer sus otras formas de celebrar sin mayor reflexión de su formación recibida desde otro contexto, para actualizar de acuerdo con la realidad concreta de América Latina.

Es triste personalmente escuchar a veces los comentarios que se hacen sobre la sinodalidad. Por ejemplo, “no es real, sino puras palabras vacías”. Lo que parece es que se busca implementar la conservación de una comunidad piramidal, donde el padre o el religioso tiene la última palabra en la comunidad, o determinar la manera de celebrar y a veces imponer en las celebraciones de otros estilos que traemos de nuestros países sin explicar nada lo que se hace y por ello el rito no tenga un sentido para el pueblo de Dios. Pueblo que, por la falta de libertad en algunos lugares, donde todavía respetan a los sacerdotes o religiosos por miedo, sólo aceptan vivir así dolorosamente, como si estuviésemos antes del Concilio cuando las celebraciones sólo eran en latín.

Constantemente pienso y me preocupa el pueblo de Dios, porque a veces cuando escucho lo que me comparten los integrantes de nuestras comunidades, me hacen entender que nosotros como misioneros hacemos que ellos vivan las experiencias dolorosas que vivían en la época precolonial. Más aún, cuando el estilo que algunos de nosotros tomamos es ir a evangelizar a los paganos, de esta manera imponiendo lo que aprendimos en nuestra formación, en el lugar de misión, olvidando que la misión es compartida y en cada cultura hay semillas del Verbo y a veces hay laicos y laicas humildes con una formación filosófica y teológica de mayor calidad que la nuestra. Si sólo pudiésemos integrarnos en la comunidad y ser uno más entre ellos y olvidar nuestros títulos, y caminar juntos como iguales, me imagino una comunidad sinodal integrada por todos, donde nos encontramos en constante misión.

Así, concuerdo con las palabras del P. Akuila cuando me dijo que tú tienes conocimiento, anda y deja que la gente te enseñe a celebrar y vivir. Eso para mí es lo que significa ser Verbita en Argentina, tenemos conocimientos, tenemos herramientas de misión, pero eso no nos da la autoridad de maltratar a los integrantes, sino la humildad de quitar nuestras sandalias como Moisés, y admitir que donde estoy o donde estamos pisando es tierra sagrada, del otro, y decir con mayor prudencia y sinceridad que yo soy nuevo aquí, necesito aprender, necesito caminar con ustedes, porque con ustedes soy un cristiano, y el ser religioso es una gracia.

Todos somos peregrinos con el Hijo hacia el Padre, animados por el Espíritu Santo. Volver a la dinámica de imponer es volver a colonizar. Seamos abiertos y no conservadores en esta iglesia de América Latina. Sobre todo, la iglesia de hoy necesita tomar la postura de Jesús, el maestro Divino, de abrazar a todos, los más pobres, marginados, y los que sufren injusticias. Que nuestras celebraciones nos lleven siempre al encuentro con la humanidad digna, y no con las apariencias. Seamos más humanos, no ritualistas, cuando juzgamos con nuestros prejuicios sin mayor profundización por nuestra ignorancia de lo que juzgamos. Sepamos que estamos pecando en el acto mismo y somos pecadores.

De esta manera creo que es posible vivir la experiencia de Jesús en esta nueva cultura, porque podremos reconocer a Dios en los rostros del pueblo y hacer posible la sinodalidad que tanto sueña la Iglesia.

Emmanuel Kimario
Estudiante SVD