Mensaje de Pascua de Resurrección de P. Paulus Budi Kleden svd

Estimados cohermanos, hermanas, socios en la misión, bienhechores, amigos y familiares,

Comenzamos la liturgia de la Vigilia Pascual con lo que típicamente se llama Lucernarium, el rito de la luz. El cirio pascual se enciende y se lleva, en procesión, al centro de la iglesia- significando que Jesucristo es la verdadera luz para el mundo. El Exsultet es un himno sobre el cirio pascual y en cual se ora para que «arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche».

El símbolo de la luz es un elemento significativo en todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Un símbolo que está lleno de muchas asociaciones y significados. Quiero compartir con ustedes tres de ellos en esta memorable ocasión y esperanzadora de la Pascua.

En primer lugar, la luz nos hace ver la realidad y lo que existe en nuestro entorno. La resurrección no nos aleja de la realidad. Al contrario, el Señor resucitado nos anima a ver y abrazar la verdad de nosotros mismos y de nuestro mundo, incluidas las heridas, los dolores, los desafíos y las frustraciones. A menudo nos vemos tentados a huir de nuestra oscura realidad, marcada por los sufrimientos que experimentamos y el dolor que infligimos a los demás. La Pascua nos da la gracia de aceptar, abrazar y curar estas heridas mediante la reconciliación con nosotros mismos y con los demás. Una gracia esencial del Señor resucitado es la curación, la reconciliación y la paz.

En segundo lugar, la luz nos libera del encierro en las tinieblas y nos abre a perspectivas nuevas, prometedoras y esperanzadoras. La luz ahuyenta las tinieblas, revela el camino de salida y nos anima a allanar un nuevo camino. El relato de la resurrección nos cuenta cómo el Señor libera a los discípulos de sus miedos y los acompaña a difundir con valentía la Buena Nueva. Con frecuencia somos víctimas del miedo: miedo a que se revele nuestro pasado, a que se cuestione nuestro presente, a que se bloquee nuestro futuro. El miedo paraliza. La Pascua significa la liberación de nuestros miedos, para que podamos salir de la oscuridad y ser mensajeros de esperanza. Sí, la resurrección nos llama a sembrar esperanza en nuestro tiempo y lugar.

Por último, la luz revela la verdad, nos lleva a la comunión y refuerza nuestra comunidad. Bajo el reflejo de la luz, podemos descubrir lo que está oculto, reconocer a los demás y sentirnos seguros de lo que somos. Es un momento de sinodalidad en el que «caminamos juntos», vivimos nuestra fe, para encontrar un camino hacia la comunión y la participación. Al encontrarse con el Señor resucitado, los discípulos se dan cuenta de su falta de fe, de sus expectativas egoístas y de su desconfianza hacia el resto del mundo. Al descubrir todo esto, Jesús los lleva a la comunidad y los anima a construir y vivir como comunidad. Sí, la resurrección nos capacita para ser personas de comunión, esforzándonos continuamente por ser sinceros y respetuosos.

La luz está siempre asociada a la Pascua, la fiesta de la luz. Celebramos al Señor resucitado como luz del mundo y para el mundo. Esta es una gran oportunidad para renovar nuestra llamada a ser misioneros de la luz. La segunda guía de reflexión para nuestro próximo Capítulo General aborda la missio dei como missio lucis. Dios es luz, y su misión es llevar la luz al mundo. Él nos invita y nos da el poder de ser misioneros de la luz, de abrazar nuestra realidad en todas sus dimensiones y eso incluye nuestras diversas formas de heridas, de superar el miedo y de ser sinceros y respetuosos. Es en este mundo herido donde estamos llamados a dar testimonio del poder de la resurrección para curar y transformar, y a acompañar con compasión a los que sufren.

Que la luz de la Pascua nos traiga una vida renovada, llena de esperanza y celo por la misión. ¡Feliz Pascua a todos ustedes!

P. Budi Kleden
Superior General SVD