La capilla fue atendida desde sus orígenes hasta la actualidad por los Misioneros del Verbo Divino.
Esta fue la primera iglesia construida en Puerto Rico, Misiones, originariamente (1921-1923) llamada San Alberto Magno, y es “la arquitectura de culto más antigua del Alto Paraná Misionero. La construcción fue realizada totalmente en mampostería, y es una iglesia de nave única, tipo galpón”, destaca el proyecto sancionado.
La emblemática Capilla San Miguel Arcángel ha sido declarada Patrimonio Histórico Cultural de Misiones, un reconocimiento que llena de orgullo a la comunidad y a todos aquellos que han dedicado su tiempo y esfuerzo a preservar esta joya arquitectónica.
La noticia fue recibida con entusiasmo por Leonor Kuhn, historiadora local, quien expresó su alegría diciendo: “La verdad que nos complace mucho que finalmente nuestra capilla tan querida consiga esa declaración muy merecida. Quiero contarle que no solamente es para esta capilla y para Puerto Rico, porque es el edificio de culto más antiguo de todo el Alto Paraná Misionero. Así que también es para todo el Alto Paraná. Esta distinción con esta declaración de patrimonio histórico fue largamente esperada. Cuidar el edificio, principalmente lo que hace de esta la ley. A partir de ahora yo creo que la gente se va a sentir respaldada en su identidad histórica. Y en lo turístico también, porque también hay esa franja de turismo religioso que hoy en día se puede explotar”.
La Capilla San Miguel Arcángel, con casi 100 años de historia, es un lugar emblemático para Puerto Rico. Según Isidro Duarte, diputado provincial, la Capilla San Miguel es la primera capilla construida en la ciudad de Puerto Rico.
“También sabemos que Puerto Rico está próximo a cumplir 104 años y la capilla de San Miguel va a cumplir 100 años en el mes de septiembre. El 29 de septiembre se van a celebrar los 100 años de la capilla”, añadió.
Duarte destacó la importancia histórica de la capilla como lugar de encuentro y comunidad en tiempos pasados: “Es importante, porque prácticamente nació con Puerto Rico. Marcaron los pasos de mucha gente. Tenemos que tener en cuenta de que hombres y mujeres recorrían grandes extensiones de kilómetros para venir a misa y que no era sólo un lugar de misas, sino que era un lugar de encuentro, de sueños, de proyectos, a veces dificultades perdidas, crisis…”.
Además de su valor histórico, la Capilla San Miguel Arcángel también se destaca por su arquitectura única. “Tiene una nave única, como si fuese un galpón, después tuvo algunos retoques. Y lo más importante que le otorga un gran plus a esta capilla, es el entorno que tiene con la estación del Viacrucis hecha con cuadros tallados por artistas locales”, reveló Kuhn.
Esta declaración de Patrimonio Histórico Cultural no sólo enriquece el legado cultural de Puerto Rico, sino que también potencia el turismo en la región. “La ciudad de Puerto Rico nació prácticamente a orilla del río. Por eso el nombre Puerto Rico, justamente por la profundidad de sus aguas y porque la actividad económica y comercial se realizaba a través de la vía navegable de los ríos y está prácticamente a unos 300 metros del río Paraná”, destacó el diputado Duarte.
La Capilla San Miguel Arcángel, que originalmente se llamaba San Alberto Magno en honor a su santo patrono, ha sido testigo de la evolución de Puerto Rico a lo largo de los años. Su declaración como Patrimonio Histórico Cultural garantiza que esta joya histórica continúe siendo un punto de referencia en la región y una atracción turística inigualable.
(Fuente: Misiones Online)
Construcción de la Capilla San Miguel
En el año del centenario de su inauguración, es pertinente recordar cómo fue construido el primer templo de la región, con la tecnología disponible en aquella época.
La construcción fue realizada totalmente en mampostería, y es una iglesia “de nave única, tipo galpón” (definición tomada de Lilian Oleksow: “La arquitectura religiosa en madera, en la Provincia de Misiones”)
El techo a dos aguas cubierto con chapas de zinc, cielorraso de madera en tablas, piso de madera de tablas de cedro, con ventanas y puertas de lapacho, con reclinatorios y un balcón para el coro también en madera, todo lo cual se conserva en perfecto estado de funcionamiento hasta la fecha.
Los ladrillos que se emplearon fueron elaborados en la olería del Sr. Alexander Engelsing ubicada en lo que actualmente es la intersección de Avda. San Martín y calle Corrientes, es decir, a unos 600 metros de la construcción.
La construcción propiamente dicha fue realizada y en parte dirigida por el albañil Pablo Dapper, un brasileño de vasta experiencia en la construcción. No se habían hecho planos y todo se hizo en base a dibujos a mano alzada que realizaba el constructor con el P. Stangier SVD. Todos los que de una u otra forma participaron en la construcción del templo, no recibieron paga alguna y la “colaboración en mano de obra” era considerada casi una obligación por parte de los católicos varones.
Todo el maderamen provenía del aserradero de José Hentz (papá del P. Romano Hentz svd), ubicada a escasos 200 metros del emplazamiento del tempo. La cabreada fue planificada, cortada y colocada por Alberto Seewald, quién a esa fecha aún no se dedicaba a la mecánica de autos dado que todavía no había autos en nuestra incipiente localidad.
Un detalle sensible a la mirada, fue la pintura de la cúpula y cielorraso, con un fondo celeste casi azul e infinidad de estrellas blancas, simulando un cielo estrellado. El mismo desaparece en algún trabajo de refacción, al igual que una guarda de flores pintada a mano, a más o menos un metro del piso, en toda la extensión de las paredes interiores.
Por detrás del templo, se había construido la “casa parroquial”, la que fue usada como tal hasta la llegada del P. Huberto Walter, quien gestionó la Parroquia San Alberto Magno entre 1948 y 1953. Durante su estadía se concluyeron las obras de la nueva casa parroquial, la que continúa prestando sus servicios como tal hasta la actualidad.
La “vieja” casa parroquial fue desarmada, en parte reciclada, en parte vendida y en parte robada.
En 1924, el P. Federico Vormann solicita a la Comisión Parroquial la autorización y los fondos necesarios para el pago de una imagen de San Alberto Magno, la que es encargada a una casa especializada en imágenes católicas en Buenos Aires. Dicha imagen es entronizada en el altar central del nuevo templo el día de las fiestas patronales del 15.11.1924. La misma fue llevada años después, a la nueva Iglesia Parroquial, el 15.11.1946.
El templo Parroquial tenía, visto desde el frente, a su izquierda un campanario de madera construido al mismo tiempo que el templo, en el que se instaló el 15.11.1922 una campana de 167 kilos importada de Alemania, la que en 1948 fue “bajada” e izada en el campanario de la nueva Iglesia Parroquial, donde repicaba hasta noviembre de 1958, cuando se instalaron las tres campanas que permanecen hasta hoy.
El destino de la mencionada campana, verdadera reliquia histórica del catolicismo en Puerto Rico, quedó por ahora sellada al decidirse el 26.07.1959 llevarla a la Capilla San Roque González, de San Alberto, donde actualmente permanece muda por estar con una rajadura en su estructura sonora.
En la medida que se concluían los trabajos de la nueva Iglesia Parroquial, la Iglesia “vieja” ó “provisoria” como algunos la denominan, fue desactivándose hasta quedar totalmente sin atención eclesiástica, quedando toda la propiedad de una hectárea en un estado de total abandono. Incluso hubo en su momento, un intento de vender toda la propiedad, con el templo ya “desacralizado” incluido, pero gracias a la intervención del Obispo de Corrientes, Monseñor Francisco Vicentin, se malogró el proyecto de venta, que ya tenía un comprador.
Muchos años después, en 1968 un grupo de vecinos logra que el párroco de Puerto Rico autorice la construcción de una pequeña torre/campanario, en mampostería, conformando una unidad arquitectónica con el templo original. La construcción, muy simple, fue realizada con fondos donados por Citrex SA, fábrica de jugos cítricos instalada a pocas cuadras, y la obra fue supervisada administrativamente por Hilario Johann. El objetivo era entre otros, lograr que se rehabilite el templo, aunque fuera en calidad de capilla.
La novel construcción recibió el 29.10.1969 una nueva campana, de menores dimensiones, la que fue apadrinada por Efren Rauber y su esposa Maria Ety Krindges de Rauber, quienes asumieron el costo de su adquisición e instalación.
La iglesia, ya como Capilla bajo la advocación del Arcángel San Miguel, no recibe en su momento la asistencia espiritual que la comunidad reclamaba. La explicación era que faltaban sacerdotes para esas tareas, lo cual terminó llevando a la capilla y al entorno boscoso a un estado de casi abandono, hasta que en 1984, una cooperadora logra asistencia financiera de la H. Cámara de Diputados de la Nación, lo que le permite reacondicionar lentamente el predio y las condiciones internas del templo, al mismo tiempo se decide, en base a la densidad demográfica alcanzada por los barrios circundantes, a prestar nuevamente asistencia espiritual con el oficio de la Santa Misa los días miércoles en horario vespertino.
En estas condiciones, la hoy Capilla San Miguel continúa prestando servicios a la comunidad católica hasta la fecha y en la misma se encuentra actualmente la primera imagen de San Alberto Magno que fuera adquirida por el P. Federico Vormann en 1924.
(Extraído del libro: “Historias Inéditas de Puerto Rico”, de Guido Rauber y Leonor Kuhn. Puerto Rico 2012)
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