En septiembre celebramos el Mes de la Biblia, en coincidencia con el 30 del mismo mes, día dedicado a San Jerónimo, hombre que dedicó su vida al estudio y traducción de la Biblia al latín. Es una oportunidad invaluable para otorgar un lugar primordial a la Palabra de Dios en nuestras vidas, nutriendo nuestro espíritu con su fuerza.

Esta celebración nos invita a profundizar en el conocimiento y la comprensión de las Escrituras, enriqueciendo así tanto nuestra vida personal como nuestra vida comunitaria. El Papa Francisco nos recuerda la importancia de la Palabra de Dios en nuestra existencia: “Los cristianos deben tener un único objetivo en su vida de fe: situar la Biblia en el centro de su vida cristiana. Ella debe ser nuestra brújula y la fuente de nuestra vida espiritual, indicándonos el camino a seguir. Sobre todo, como decía San Jerónimo: Quien desconoce la Escritura, desconoce la persona de Jesús”.

La lectura y meditación de la Palabra de Dios nos ayudan a interpretar los acontecimientos de la vida desde una perspectiva divina, trascendiendo nuestros límites humanos y llenándonos de esperanza, al igual que lo hicieron los personajes bíblicos. Cada vez que meditamos la Palabra, permitimos que nuestra voluntad sea guiada por las verdades que ella transmite.

San Pablo nos inspira al resaltar el gran valor de la Palabra de Dios en su carta a Timoteo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3,16-17). Todo cristiano que desea vivir su fe, encuentra en la Palabra de Dios una guía que orienta su vida, acercándolo al pensamiento y la voluntad divina. Así, la Palabra de Dios moldea nuestra identidad como cristianos.

Es la Palabra la que abre las puertas al misterio de Dios. Al leerla y meditarla, comenzamos a identificarnos con la voluntad divina que se manifiesta en nuestras vidas. San Pablo nos dice: “Dios derramó sobre nosotros toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, pues Dios quiso reunir en él, cuando llegara la plenitud de los tiempos, todas las cosas, las del cielo y las de la tierra”. (Ef 1,8-10)

La Palabra de Dios nos lleva a la oración. En los Salmos encontramos una inmensa fuente de inspiración para comunicarnos con el Señor. Allí hallaremos fortaleza e iluminación para enfrentar las dificultades del día a día. Los Salmos abordan temas como la alegría, las pruebas y conflictos, la esperanza, el abatimiento, el dolor, la liberación, la justicia, la creación y, por supuesto, la misma Palabra de Dios. Nos animan a orar cada momento que vivimos como personas y familias.

El Papa Francisco nos anima a orientar nuestra vida a partir de la Palabra de Dios, haciendo que ésta forme parte de nuestra cotidianidad. Él nos sugiere: “Leamos un versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en nuestra mesita de noche, llevémoslo en el bolsillo, consultémoslo en la pantalla del teléfono y dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros y que ilumina nuestra oscuridad”.

Dejémonos iluminar por la gracia de la Palabra de Dios. Que su fuerza transformadora disipe las sombras de nuestra vida y podamos recuperar la frescura y el poder de esta Palabra, convirtiéndola en un verdadero alimento espiritual que fortalece nuestros corazones.

P. Juan Rajimon svd