Testigos de la Luz: Memoria viva y misión compartida

En el marco del Año Jubilar Verbita por los 150 años de la fundación de nuestra Congregación, y al celebrar los 89 años de vida del Colegio del Salvador en Jujuy, la comunidad educativa vivió una semana de profunda significación pastoral, pedagógica y comunitaria. Bajo el lema “Testigos de la luz: desde todo el mundo hacia todas las personas”, se tejió un verdadero mosaico de experiencias que, más allá de la celebración, se propusieron ser signo vivo de memoria agradecida y de misión compartida.
La Santa Misa, presidida por el Superior Provincial P. Jorge Faliszek svd, el 7 de mayo, fue uno de esos momentos que sellan el alma con fuego misionero. Inspirada en el prólogo del Evangelio de San Juan, la homilía nos invitó a ser testigos de la luz y peregrinos de la esperanza. En esa luz y esperanza, los rostros de los niños, los docentes y los cohermanos irradiaban profunda alegría.
A continuación, se vivió un gesto cargado de emoción y gratitud: la bendición de la placa en homenaje al Hermano Francisco Prediger svd, cuyo nombre fue dado oficialmente al polideportivo, por sus 27 años de servicio en esta institución educativa verbita jujeña. En ese sencillo, pero profundo acto, se reconocieron sus años de vida entregada al servicio misionero en el colegio. Francisco se mostró conmovido, agradecido y feliz por tan significativo reconocimiento.
Mientras tanto, en otros espacios del colegio, los estudiantes de todos los niveles compartían una chocolateada festiva, signo de la fraternidad cotidiana. El colegio había sido adornado con carteles y colores que expresaban el lema por los 150 años de la Congregación. El gimnasio se transformó en escenario de actos protocolares donde los estudiantes, guiados por sus docentes, ofrecieron discursos, izamientos y, especialmente, representaciones teatrales nacidas de corazones jóvenes que se animan a soñar. Allí se desplegó una verdadera sinfonía de talentos: voces, gestos, música y dramatizaciones que evocaban el espíritu misionero, el amor a los pueblos y la centralidad del Verbo, que se hace Palabra viva y encuentro.
Al día siguiente, en el Polideportivo “Hermano Francisco”, el Nivel Secundario vivió los torneos entre cursos: fútbol, básquet y vóley, tanto masculino como femenino. También los estudiantes participaron de diferentes juegos de mesa y recreativos. La competencia, marcada por el respeto y la camaradería, fue un espacio de integración animado por el Centro de Estudiantes y los docentes de educación física.
Finalmente, los cinco colores misioneros llenaron de vida y esperanza la escena, simbolizando los cinco continentes y la universalidad del mensaje cristiano. Fue un desfile que sembró alegría, conciencia y esperanza en todos los corazones, todo el recorrido fue un símbolo de universalidad, diversidad y envío. El desfile temático, acompañado por familias y docentes, despertó la admiración de quienes transitaban por el parque, sorprendidos por una escuela que se abre a la ciudad con cantos, risas y trajes coloridos que anuncian la Buena Noticia del Evangelio.
Y el sábado fue el gran día de la Peña Familiar, coronación de esta semana jubilar, fue una verdadera fiesta del corazón. Desde temprano, el colegio se vistió de alegría: stands, juegos, comidas típicas y números artísticos ofrecieron un marco de celebración y compromiso. Otros jóvenes músicos regalaron un repertorio de zambas y chacareras que llenaron de dulzura nuestra celebración. El sol acompañó, el Espíritu sopló, y la comunidad celebró con gratitud la vida, la fe y la vocación educativa como misión encarnada en la solidaridad.
Durante esa semana, el Colegio del Salvador fue un signo visible del carisma del Verbo Divino: acogida, alegría, diversidad, servicio y testimonio misionero. Cada momento vivido sembró en la historia institucional una semilla de memoria viva y compromiso renovado, desde este rincón de Jujuy hacia todos los pueblos y personas.
P. Alfredo Mbalanda Shinda svd
Director pastoral del Colegio del Salvador
