Encuentro Nacional de Hermanos Religiosos 2025

Del 9 al 11 de mayo nos reunimos en Villa Marista, en La Bolsa, Córdoba, casi veinte hermanos de nueve congregaciones diferentes. En el dorado otoño cordobés, la naturaleza nos susurró su secreto: la vida se renueva, vuelve a nacer, y nosotros fuimos testigos y protagonistas de ese proceso.
El marco fue providencial: nos encontramos en la Fiesta del Buen Pastor, signo del cuidado tierno de Dios y guía fiel de nuestras comunidades. Entre nosotros, un hermoso abanico generacional nos enriqueció: desde un hermano recién profeso de 30 años hasta un testigo de 89 años con más de 65 de vida consagrada. Una verdadera sinfonía de edades, historias y búsquedas que refleja la belleza de nuestra vocación compartida.
A lo largo de estos días, el icono de Nicodemo, propuesto por la CLAR, nos acompañó como brújula interior. Nos invitó a detener nuestras prisas, escuchar los ruidos de nuestras dudas y miedos, y salir con valentía al encuentro de Jesús. Él, que nos renueva, nos desafía, nos enseña y nos impulsa a renacer, fue el “Hermano Mayor” que camina a nuestro lado.
Reconocimos la tensión de nuestra fraternidad: a veces herimos y somos heridos, sucumbimos a la indiferencia, al silencio, al egoísmo. Pero también experimentamos la misericordia y la comprensión, celebramos el abrazo sanador, la alegría del encuentro y el sostén tierno del Buen Pastor. Cobijados bajo sus manos, volvimos a escuchar su voz y a descubrirnos ovejas de un mismo rebaño.
Este encuentro nos desafió a “nacer de nuevo”. Nacer de nuevo significa:
- Liberarnos para escuchar al Espíritu y volver al manantial de nuestros carismas.
- Atravesar con coraje las “noches oscuras” que vivimos como Iglesia, sociedad y vida religiosa.
- Crear puentes, tejer vínculos de fraternidad y comunión.
- Reaprender: abrirnos al Maestro, renunciar a certezas estériles y acoger la novedad del Evangelio.
- Exagerar la fraternidad, poniendo a Jesucristo y su mensaje en el centro de todo.
Somos llamados a ser comunidades vibrantes, donde cualquiera que nos mire pueda exclamar: “¡Miren cómo se aman!”. Como un árbol enraizado en Jesús, el Espíritu y el agua viva, estamos invitados a dar frutos: ramificamos en la escucha, la transformación, el acompañamiento y la gestación de nuevas visiones para nuestra misión.
Hermanos, salgamos de aquí con el corazón inflamado de esperanza. Renacidos por el encuentro fraterno y sostenidos por Aquel que nos ama hasta el extremo, sigamos caminando juntos hacia el Jubileo de la Vida Consagrada en Luján, en septiembre, como Peregrinos de Esperanza por las sendas de la paz. Seamos testigos visibles y creíbles de la Iglesia del delantal. ¡Que nuestra vida unida en fraternidad, irradie la gracia de Dios y transforme los caminos que recorremos!
Para trabajar en comunidad:
- ¿Qué signos de “nuevo nacimiento” percibimos en nuestra comunidad religiosa hoy?
- ¿Qué actitudes o estructuras necesitamos soltar para renacer a la vida nueva en fraternidad?
- ¿Cómo podemos hacer visible el “miren cómo se aman” en nuestro camino de discipulado?
Lectura simbólica del icono: Nicodemo y la fraternidad en camino
Este icono nos ofrece una ventana espiritual que conecta la Palabra, el corazón de Nicodemo, y la experiencia vivida por los hermanos en La Bolsa, Córdoba.
En la parte superior, Jesús y Nicodemo dialogan bajo el cielo estrellado, signo de las noches del alma y de las preguntas profundas. Nicodemo, buscador silencioso, representa a cada uno de nosotros cuando, en medio de nuestras dudas o cansancios, nos animamos a salir al encuentro del Maestro. Su gesto de apertura simboliza el deseo de renacer, de comprender, de dejarse tocar por la Palabra viva.
A su alrededor, el árbol otoñal con brotes verdes, evoca la estación en que se desarrolló el encuentro: el otoño cordobés. Ese árbol expresa lo vivido por los hermanos: en una etapa donde muchas cosas parecieran caer, nuevas formas de vida comienzan a nacer.
Las hojas caídas no significan muerte, sino transformación fecunda. El árbol, con raíces hondas y ramas abiertas, nos invita a ser comunidades enraizadas en el Evangelio y abiertas al Espíritu.
En la parte inferior del icono, un grupo de hermanos de diversas edades, reunidos en fraternidad, nos remite al hermoso abanico generacional del encuentro: desde el hermano más joven con 30 años hasta el mayor, con 89 y más de 65 de vida consagrada. Sus rostros reflejan escucha, comunión y diversidad. Algunos llevan delantales, signo de la “iglesia del delantal” que queremos encarnar: una vida religiosa humilde, servicial, cercana a las heridas del pueblo.
Detrás de ellos se dibuja la silueta del Buen Pastor, protector de la fraternidad, guía silencioso del encuentro. Fue su ternura la que envolvió los momentos compartidos, los gestos de reconciliación, las oraciones comunitarias y las decisiones nacidas del diálogo sincero. Este icono es, a la vez, una memoria y una promesa: lo vivido en Villa Marista no fue un paréntesis, sino un impulso. Nos empuja a seguir el camino hacia el Jubileo de la Vida Consagrada en Luján, como verdaderos Peregrinos de Esperanza por las sendas de la paz.
Cada vez que contemplemos esta imagen, que el Espíritu nos recuerde: ¡nacer de nuevo es posible!
Espacio de Hermanos Religiosos – CONFAR

