Estamos iniciando el tiempo de Adviento, que nos invita a mantener viva la esperanza en la venida de Jesús. Es un tiempo privilegiado de oración y recogimiento interior para renovar nuestras esperanzas como personas, familias y comunidad. Es oportuno que podamos iniciar este adviento reflexionando juntos el mensaje del Papa Francisco para este Adviento 2022.

Él nos habla de la necesidad de encender la luz de la esperanza, en medio de tantas situaciones desafiantes que vivimos como personas y familias. Son tantos los aspectos de nuestra vida donde hace falta encender una luz de esperanza, en medio de tantas tinieblas que nos rodean.

Nuevamente, estamos inmersos en una crisis económica que cada vez más opaca nuestras fiestas navideñas y necesitamos centrar nuestra mirada en la abundancia de bendiciones que Dios nos regala y así poder mantener viva la esperanza. Además, tener la certeza de que la fe y la confianza en Dios serán claves para resolver tantas situaciones que nos preocupan. Es un tiempo en que debemos mantener “encendida la lámpara de la fe” para que no perdamos la alegría de la venida del Señor. En este sentido, el Papa Francisco nos invita a reflexionar sobre las tres dimensiones de este adviento, contemplando la vida con la luz de la esperanza.

La primera dimensión de este adviento que nos llama, es la purificación de nuestra memoria. Una mirada hacia nuestro pasado desde la fe en Dios. En medio de tantos recuerdos de la vida que a menudo nos llena de dolor, el adviento es una oportunidad para situar la mirada en la alegría de la venida de Jesús. Es nuestro Salvador el que vino a ser parte de nuestro pasado y nuestra historia.

Estamos celebrando hoy, como familia y comunidad, el gran acontecimiento de la memoria de nuestra salvación. Que la centralidad de nuestra celebración no sea solamente en la fiesta, en los regalos, en unos días de vacaciones, sino que esté en el mismo Jesús, el que nació en medio nuestro como único salvador. De allí la importancia de la participación en las celebraciones litúrgicas en estas cuatro semanas de adviento, las lecturas, la meditación de la Palabra, ya que serán una gran ayuda para significar nuestro adviento, colocándolo a Jesús en el centro de nuestra fiesta.

La segunda dimensión de este adviento es la esperanza del futuro. Es un tiempo en la que nos preparamos como Iglesia para “el encuentro definitivo con el Señor”. Estamos preparándonos para la segunda venida del Señor, que es una experiencia de encuentro personal con Él. Es oportuno que, en este tiempo, renovemos nuestra esperanza con la oración personal, meditación y la reflexión de la Palabra para tener un corazón lleno de fe y esperanza.

En tercer lugar, el Papa Francisco, nos anima a cultivar la dimensión cotidiana de nuestra fe. La fe es una experiencia de caminar juntos, confiando y creyendo en Dios. Colocando a Dios mismo como el centro de nuestra vida personal y familiar. Nos llama confiar en el amor de Dios que todo lo puede. Creer las novedades y sorpresas de Dios que siempre enriquecen nuestro caminar como familia, pueblo e Iglesia.

Que también en este tiempo podamos estar atentos a las manifestaciones de Dios que enriquece nuestra esperanza cada día más. Que a ejemplo de María, nuestra madre, aprendamos a abrir nuestros corazones a la voluntad de Dios y para que permitamos que Cristo viva en nuestros corazones y en el mundo. Vivamos con alegría la paciente espera de la llegada de Cristo. Como nos pide la Palabra de Dios, “permanezcamos despiertos, mantengámonos vigilantes y preparemos el camino del Señor”.

P. Juan Rajimon svd


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