El 12 de junio celebramos el día del Sagrado Corazón de Jesús, como un faro de esperanza en medio de tantos desalientos que vivimos como sociedad. Es una oportunidad para contemplar el insondable amor y la infinita misericordia que Dios tiene por la humanidad. La imagen del Sagrado Corazón nos recuerda con fuerza, que la centralidad de nuestra fe se basa en el amor vivo y tierno que Jesús tiene para cada uno de nosotros. Es un apremiante llamado para amar la vida y a nuestros seres queridos del mismo modo incondicional que lo hace Él.

En los tiempos actuales, marcados a menudo por la incertidumbre, la prisa y el desgaste emocional, el Corazón de Jesús nos invita a vivir confiando plenamente en el amor del Padre que nunca nos abandona. Nos enriquece con su cercanía constante, dándonos fuerzas en nuestras debilidades y alivio en nuestros cansancios cotidianos, tal como nos promete el Evangelio con palabras que reconfortan el alma: “Vengan a mi todos los que están afligidos y cansados, porque yo los aliviaré” (Mt 11,28). En la inmensidad del amor de Dios, recibimos la consolación necesaria en nuestros sufrimientos y angustias para seguir caminando con renovada esperanza.

Contemplamos el Corazón de Jesús dentro del misterio insondable de la Santísima Trinidad, lo cual nos invita a sumarnos a su misión salvífica. El mismo Jesús en el Evangelio de San Mateo nos encomienda esta tarea: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he encomendado…” (Mt 28,19-20). De esta forma, el Corazón de Jesús nos compromete activamente a anunciar su Reino de amor, paz y justicia en cada una de nuestras comunidades.

Dentro de esta profunda dimensión Trinitaria, descubrimos que el Corazón de Cristo es a la vez completamente humano y divino. Él siente el dolor y el sufrimiento que pasa por nuestro corazón, nos ama y nos da fuerzas en medio de las adversidades. Nos da el ejemplo supremo de abrazar nuestras cruces de cada día, porque se entregó libremente a la muerte en la cruz por nuestra salvación. Este amor de Jesús, siempre dispuesto a aceptar el sufrimiento por la redención de la humanidad, es el impulso que nos lleva a vivir desde la donación en nuestras familias y en una sociedad que, cada vez más, experimenta la carencia de afecto sincero.

El Corazón de Jesús nos invita a vivir centrados en el otro, buscando siempre la oportunidad de amar, servir y dar vida al estilo del Maestro. Recordemos que ante el hambre del pueblo, el corazón de Jesús se conmovió y multiplicó los panes (Mt 14,13-21); ante la enfermedad, regaló sanación a los oprimidos; aún en la cruz exclamó compasivo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»; y ante la muerte inminente, ofreció a su propia Madre para toda la humanidad (Jn 19,25-27). Es un corazón que vibra por amor constantemente.

Contemplar el Corazón de Jesús nos mueve a perdonar, a reconciliarnos como personas y familias, a reconocer la grandeza del amor divino que nos hace superar todo contratiempo. Que el Sagrado Corazón nos envuelva con su protección en estos tiempos difíciles que atravesamos como humanidad, y nos regale la gracia de vivir con un corazón lleno de amor para compartir con tantas personas que necesitan misericordia.

P. Juan Rajimon svd


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