Como sociedad seguimos transitando un largo camino de pandemia (Covid-19), que ha cambiado nuestras costumbres, nuestro modo de organizar la vida y hasta nuestro modo de contemplar la misma realidad. Permanentemente estamos expuestos a problemas, enfermedades, inestabilidad económica, que nos hace vivir pendientes más de los peligros que de la misma belleza de la vida. Enfocar nuestras miradas en problemas siempre nos debilita y desalienta como persona y como comunidad.

Más de una vez, hemos sido formados para transitar la vida mirando y resolviendo problemas y dificultades. Hoy más que nunca, en el contexto de la pandemia, estamos enfocados en defendernos del contagio, del peligro invisible que nos rodea. Obviamente, cada vez que resolvemos un problema, superamos una adversidad, vamos adquiriendo experiencia y nuevas fuerzas para resolver futuros problemas. Sin embargo, esta realidad de estar pendiente de la adversidad y el peligro, más de una vez nos puede llenar de angustias, miedos y grandes preocupaciones.

Una de las maneras de fortalecer la vida, es aprender a contemplar nuestras fortalezas, nuestros dones y los grandes recursos con que Dios ha bendecido a cada uno de nosotros. Esta mirada sobre nuestras bendiciones, nos llenará de la fuerza interior que necesitamos para enfrentar los problemas de cada día.

Para poder gozar de tantas bondades que la vida nos trae, necesitamos un cambio de mirada, un cambio en nuestra manera de ver y pensar la realidad sobre nosotros mismos y sobre los demás. Por la medida que somos capaces de mirar la vida positivamente confiando en nosotros mismos y en nuestro Dios, vamos adquiriendo una gran serenidad que nos traerá alegría y gozo. Nos llenaremos de sanos pensamientos positivos hacia nosotros mismos, nuestros seres queridos y la realidad que nos toca enfrentar.

Para poder recargarnos de energía en medio de tantas adversidades, tenemos que acostumbrarnos a mirar y contemplar nuestras potencialidades y nuestras fortalezas. Se trata de confiar en las grandes bendiciones que Dios ha puesto en nosotros mismos. Cada vez que queremos seguir hacia delante, el poder contemplar tantas acciones e historias positivas de la vida será el gran impulso para una vida positiva y alegre. Es la base para que podamos construir nuestro futuro y seguir creciendo en la vida.

Para poder contemplar la vida positivamente, necesitamos aceptar que los problemas y las soluciones son sencillamente dos caras de la misma moneda. Solamente cuando aceptamos esta dualidad que es parte de nuestra realidad, podremos trascender en la vida. Poder comprender la realidad desde esta perspectiva nos ayudará a cambiar el modo de pensar la vida y de vincularnos con los otros.

En el evangelio, el mismo Jesús nos anima a no preocupemos por el día de mañana, ya que cada día tendrá sus propios problemas (Mateo 6,34). Nos invita a confiar en la bondad, en el amor, y en la providencia de nuestro Dios que nunca nos abandona. Es un llamado a que vivamos centrados en tantas bendiciones con que Dios llena nuestra vida, mucho más que las cruces y los sufrimientos que son parte y propias de la misma vida.

Para poder mantener un pensamiento y una mirada que construya permanentemente en la vida, es necesario que aprendamos a vivir positivamente. Debemos practicar en nuestras conversaciones diarias, tanto en la familia como en nuestros lugares de trabajo, una actitud de diálogo sobre nuestras fortalezas, bendiciones y las alegrías de la vida, antes que los problemas que abundan. El poder compartir y celebrar las bendiciones nos llena de actitudes positivas y nos fortalece como persona y familia.

En medio de tantas adversidades que vivimos en esta pandemia, centremos nuestras miradas más en las oportunidades que en los problemas que nos rodean. Sigamos construyendo la vida desde las grandes potencialidades que Dios ha puesto en cada uno de nosotros y nos daremos cuenta ¡qué linda es la vida desde esta perspectiva!

P. Juan Rajimon svd


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