+ 01.04.2023 (1930-2023) / 30 50 52 58 58

Esteban Rohr nació el 11 de mayo de 1930 en la entonces aldea Santa Anita, diócesis de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Era una localidad de agricultores, cuyos inicios mucho tuvo que ver con la presencia de la Congregación del Verbo Divino.
Sus padres, José Rohr y Catalina Heit, formaron una familia con 10 hijos. Esteban era el segundo. Poco sabemos de su infancia y adolescencia, pero él mismo nos ha dejado ver la sólida educación en valores que recibió de sus padres y que mantuvo a lo largo de su vida.
Sus primeros contactos con la Congregación derivaron en su decisión por ingresar y realizar toda su formación religiosa misionera en el Colegio Apostólico San Francisco Javier de Rafael Calzada. Allí mismo ingresó al noviciado el 1 de marzo de 1950, y profesó por primera vez los consejos evangélicos dos años más tarde, en 1952. Culminados sus estudios eclesiásticos, realizó su profesión perpetua el 1 de marzo de 1958. Ese mismo año, el 7 de septiembre, fue ordenado sacerdote en el templo del colegio apostólico.
Su entrega misionera se desarrolló en el campo de la formación, de la educación y de la pastoral de parroquias. Inició como subprefecto del seminario menor de Pilar en 1959. En el año 1963 comienza su tarea docente en el Colegio José Manuel Estrada de Rafael Calzada. Luego prosigue en San Miguel, Buenos Aires, como docente, y en el año 1970 en el Colegio San Pío X de Tunuyán, Mendoza. Desde el año 1987 hasta el año 1994 fue administrador, primero del Instituto Verbo Divino de Pilar y luego del Colegio Estrada de Calzada.
A partir de 1995 y hasta el 2006, su servicio misionero se focalizó más en la pastoral de comunidades parroquiales. Así lo hizo en Pigüé, provincia de Buenos Aires, y en Tunuyán, provincia de Mendoza.
Regresó al Instituto Verbo Divino de Pilar en 2007 para acompañar la pastoral educativa y alguna tarea de capellanía. Una década más tarde, en marzo de 2016, se integró a la comunidad del Hogar San Javier como residente.
Inesperadamente su vida concluyó en pocas horas. Ante los síntomas de una descompensación cardíaca, fue llevado al hospital regional donde poco después falleció en la misma sala de emergencias, producto de un paro cardiorrespiratorio. Eran las 11 de la noche del 1 de abril de 2023, vísperas de Ramos.
La presencia del P. Esteban en la comunidad del Hogar San Javier se hizo sentir en cada momento comunitario, para compartir la eucaristía, el mate de media mañana y las comidas. Esta presencia comunitaria iba acompañada por el buen ánimo que tenía para degustar la comida.
A sus 93 años de edad dejaba saber sus dolencias, pero sin quejas ni reclamos. Fue un hermano que no reclamaba una atención especial, sino que, lo caracterizaba su perfil más bien bajo. Su avidez por la noticia lo llevó a estar siempre bien informado de la realidad del país y del mundo. También su afición al deporte lo mantenía por horas frente a la transmisión de algún partido de fútbol o de tenis.
Recordaremos a Esteban como hermano, como docente, como pastor, como administrador, como un gran misionero que respondió fielmente a diversos desafíos que la Congregación le presentaba en el camino
(Fuente: Arnoldus Nota, mayo 2023)
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Tuve la suerte de conocer al padre Esteban siendo alumno suyo en el Colegio Pío X de Tunuyán, Mendoza. Nos daba religión y además nos contaba y describía sobre el Vaticano, su riqueza espiritual, artística y arquitectónica, nos disertaba sobre la historia del cristianismo y de otras religiones. Siendo alumno suyo me alentó a tomar el camino del seminario, cosa que no prosperó por cosas del destino. Siendo adulto con treinta años, a punto de casarme con mi esposa, lo fui a visitar a Vista Flores donde estaba viviendo, para confesarme con él al término del cursillo prematrimonial. Fue una alegría muy grande reencontrarme con mi antiguo profesor y sacerdote, más que una confesión fue una linda charla entre dos viejos amigos, le presenté a mi futura compañera de vida y al despedirnos con un cálido abrazo, me sonrió, me guiñó un ojo y me dijo: «Muchacho, hubieras sido un muy buen sacerdote…» Nos despedimos entre risas reconfortados por el encuentro. Siempre nos acordamos con mucho cariño con mi esposa de esta anécdota con el querido padre Esteban…