Todavía resuenan las canciones navideñas y un nuevo año llega a su fin y con él la síntesis de tantas experiencias compartidas, en un año que lentamente ha vuelto a la normalidad después del largo flagelo de la pandemia (Covid-19).

Todo cierre de una etapa nos llama a finalizar con gratitud, por eso agradecemos a Dios y a quienes nos han acompañado durante todo este año que finaliza. También es una nueva oportunidad para mirar hacia el futuro, con una esperanza renovada, confiando en un Dios que siempre camina a nuestro lado.

Al finalizar un nuevo año, en primer lugar, es bueno tomar consciencia de las innumerables bendiciones que hemos recibido durante todo este tiempo. Al reconocer la presencia de Dios en nuestra vida, como la que celebramos en esta Navidad, nos damos cuenta de que Dios estuvo y está a nuestro lado, con nuestros seres queridos, en la familia, en los estudios, en el trabajo y Él mismo se hace cercano a través del amor y la cercanía de tantas personas que nos han acompañado.

Si contemplamos el año que está por finalizar, seguramente podremos reconocer las innumerables bendiciones por las que debemos agradecer a Dios y a nuestros seres queridos que son parte de nuestra historia y nuestro presente.

Nuestra mirada de gratitud nos llama a una profunda experiencia de encuentro con nosotros mismos, significando, reconociendo y disfrutando los momentos valiosos que hemos podido compartir en la vida. Toda experiencia, buena o mala, es una hermosa lección que nos hace crecer en la vida. En estos últimos días del año seguramente unos momentos de oración personal y meditación nos ayudarán a disfrutar de las bendiciones para poder dar gracias a Dios y a las personas que nos han permitido experimentarlas. Este encuentro personal con nosotros mismos, es una gran oportunidad para renovarnos interiormente y llenarnos de alegría y gozo, al finalizar un nuevo año.

Toda alegría compartida se multiplica. Desde nuestra mirada de gratitud, este fin de año nos trae una hermosa oportunidad para encontrarnos en familia, con nuestros seres queridos, con las amistades y tener presente a todas aquellas personas que nos ayudaron a significar nuestra vida para que fuera una hermosa experiencia compartida con alegría. El recordar a las personas con gratitud y compartir con aquellas más cercanas, seguramente nos ayudará a cerrar el año con serenidad y la tranquilidad de haber cumplido nuestra misión.

Finalicemos este año agradeciendo a quienes nos han significado, llenándonos de amor, sacrificio, servicios, acompañamiento, enseñanzas. La alegría de compartir se enriquece por la medida que podamos expresar nuestra gratitud con palabras sencillas de agradecimiento, con nuestras palabras, con un mensaje o con un compartir amable en nuestros hogares. Más de una vez las relaciones interpersonales se fortalecen cuando somos capaces de poner palabras a los sentimientos y expresar lo valioso que han sido nuestros seres queridos durante este año: la pareja, los hijos, los padres, abuelos… Un gracias siempre alegra y fortalece el corazón.

Un corazón agradecido también nos llena de fortaleza y esperanza para emprender el nuevo año, sabiendo que la Providencia Divina siempre nos sostendrá en todos los momentos de la vida. Es la esperanza que nos fortalece cuando iniciamos un nuevo año. Cuando confiemos en Dios, seremos capaces de soñar las grandes bendiciones que nos acompañarán en este nuevo año, por el amor inmenso de nuestro Dios Padre.

Que al inicio de este Año Nuevo hagamos propio el mensaje del Papa Francisco: “Soñar juntos para llevar la esperanza al mundo”. Que seamos fuente de esperanza en un mundo que necesita de amor, solidaridad y cuidado de los unos a los otros. Que seamos la esperanza para el nuevo año que se inicia. Que nuestra Madre María, Reina de la paz, nos conduzca por los caminos de la paz, amor y solidaridad. ¡Feliz año 2023!

P. Juan Rajimon svd


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