La pregunta por Dios requiere la de la fraternidad que está en el centro de la vida y de la misión cristiana. La fraternidad es el lugar donde nos encontramos, en la pluralidad de nuestras convicciones y de nuestros recorridos. Ella es la marca de lo humano en nosotros, en nuestras instituciones, en nuestra historia.

Es porque, ayer como hoy, Dios responde de diversas maneras a nuestras preguntas legítimas; pero, ciertamente y principalmente, por la pregunta que hizo a Caín: “¿Qué has hecho con tu hermano Abel?” (Gn 4,9-10). Lo que traduce en lo cotidiano: “¿Qué haces pues con tu hermana? ¿Qué haces pues con tu hermano?”.


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