+ 02.01.2021 (1928-2021) / 28 46 48 54 55

“Está bien, servidor bueno y fiel,
ya que respondiste fielmente en lo poco,
te encargaré de mucho más:
entra a participar del gozo de tu Señor” (Mt 25,2)
Mario Danelon nació el 8 de diciembre de 1928 en San Vito al Tagliamento, región del Friuli-Venezia, Italia. Sus padres, Lorenzo Danelon y Virginia Deotto, como él mismo gozaba de recordar, eran personas simples, trabajadoras y creyentes. Con sus tres hijos, esta familia vivió tiempos muy difíciles y de grandes cambios sociales en toda Europa. Época de oleadas migratorias de italianos hacia el continente americano.
Inició su itinerario en la Congregación del Verbo Divino con el ingreso al noviciado, el 8 de septiembre de 1946 en Roma. Dos años después profesaría sus primeros votos. En la misma fecha, pero del año 1954, Mario hizo la profesión perpetua de sus promesas religiosas en nuestra casa de formación de San Gabriel, Viena, Austria. Fue ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1955, allí mismo en San Gabriel.
Su llegada a Argentina, como primer destino misional, data del 6 de diciembre de 1956. Inició sus tareas pastorales como vicario en Puerto Rico, Misiones, en 1957. Ejerció su profesorado en el Seminario de Corrientes y en el Colegio San José de Esperanza (Santa Fe) en los años 1958 al 1961. Desde 1961 hasta el 2008, asumió servicios pastorales en Córdoba, Palpalá (Jujuy), Las Cuevas (Entre Ríos), Bandera (Santiago del Estero), Crespo (Entre Ríos), Villa Minetti (Santa Fe), Parroquia San Pedro (Córdoba) y Valle María (Entre Ríos). Vivió una breve estancia en Esperanza en 1999 por razones de salud y tratamiento médico. Aún sintiéndose vigoroso y misioneramente activo, fue trasladado al Hogar San Javier de Rafael calzada el 11 de enero de 2016 para un mejor monitoreo médico.
El P. Mario se destacó siempre por su rígida formación teológica y espiritual, con una lectura propia de los acontecimientos de la historia y con una devoción mariana profunda. No obstante, sus dificultades para asumir los cambios epocales, como el Concilio Vaticano II y las nuevas tendencias socio-culturales de las nuevas generaciones, fue un religioso que se destacó por su celo misionero y su obediencia apostólica.
Mario era un cohermano accesible, cercano, a veces retraído en sus reflexiones, que hasta le provocaban preocupación y cambio de humor. Era una persona que deseaba transmitir su mensaje, pero con quien difícilmente se podía establecer un intercambio reflexivo en determinados temas de conversación. Una personalidad inquieta, sorpresivamente activa en los medios modernos de comunicación, desde donde se mantenía informado de los temas de su interés personal. Quienes han mantenido conversaciones con él, seguramente lo recordarán por la convicción con la que compartía historias y relatos, interpretaciones bíblicas y teológicas, y sus reflexiones sobre la Iglesia y el devenir de la historia.
La fragilidad de su sistema coronario no le impidió celebrar sus 92 años con nosotros. En las últimas semanas fue notorio el debilitamiento de su fuerza física y de su estado de consciencia. Un marcado deterioro neurológico le impidió conectarse con la realidad. Sus sobrinos nietos mantuvieron una comunicación cercana y también lo acompañaron a la distancia en este tramo final de su vida.
Fue sepultado en el cementerio verbita de Rafael Calzada (Buenos Aires), previo oficio religioso.
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Querido padre Mario, hoy compartiendo la alegría de estar con Jesús y María, nos enseñaste siempre el amor por María y especialmente María Reina de la Paz. Ese día 11 de noviembre 1999 en Paraná, Entre Ríos, conocí a un hombre y un sacerdote muy mariano. Nuestra amistad creció enormemente llevando siempre los mensajes de María. Queremos agradecerte por todos los años que nos acompañaste como guía espiritual, tantas misas, en el campo, en las aldeas, en mi casa y los momentos de oración y adoración juntos en Santa Teresita del Niño Jesús. Quisiera pedirle que nos sigas iluminando con tu presencia santa en los grupos de oración, si Dios lo permite. Gracias y como dije siempre, hasta que María nos una nuevamente.