Su ejemplo de vida nos invita a fortalecer un profundo sentido de solidaridad en medio de un mundo plagado de egoísmos.

El 7 de agosto, en un contexto aún de pandemia (Covid-19), celebramos la fiesta de San Cayetano, que nos invita a reflexionar sobre el gran valor de la providencia de Dios que nos sostiene en tantas situaciones que estamos atravesando como sociedad. En medio de la crisis económica, la intercesión de San Cayetano de Thiene, patrono del pan y del trabajo, mantiene viva la esperanza en la providencia de Dios que nunca nos abandona y que nos invita a reflexionar sobre el valor del trabajo acompañado por la gracia de la fe.

La devoción a nuestro santo nos impulsa a reflexionar sobre la espiritualidad del trabajo y el significado especial que tiene para nuestra vida como cristianos. La experiencia del trabajo permite que la persona humana se desarrolle en todas sus dimensiones: corporal, espiritual y social. Nos induce a contemplar la vida de una sociedad que tiene un centenar de personas sin un trabajo digno.

San Cayetano, siendo de una familia muy adinerada, confió más en la divina providencia que en sus bienes materiales. En un mundo donde cada vez más hay personas que piensan en su propia comodidad y bienestar, San Cayetano nos invita a considerar al hermano que necesita, como centro de nuestras prioridades. Tanto es así, que no escatimó esfuerzos para vender sus bienes y compartir con los más pobres de la sociedad. Su vida fue un testimonio vivo de su experiencia divina, ya que adoraba a Dios presente en la Eucaristía con un gran amor, sin olvidar al Cristo pobre que vivía en la vecindad. Su ejemplo de vida nos invita a fortalecer un profundo sentido de solidaridad en medio de un mundo plagado de egoísmos.

San Cayetano tuvo una gran confianza en la providencia divina, con su testimonio de vida nos enseñó acudir a Dios a través de la oración ante tantos momentos de necesidades y carencias de la vida. La historia habla que un día, San Cayetano se acercó hasta el altar y dio unos pequeños golpes a la puerta del Sagrario donde estaban las hostias consagradas, y con mucha confianza le dijo al Señor: “Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer”. Luego de un momento, unas mulas llegaron con alimentos y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban. La fe incondicional que nos enseña nuestro santo, es el camino que nos mueve a confiar en Dios y pedir su intercesión en este día tan especial.

San Cayetano nos estimula a emprender un camino de santidad, asumiendo las opciones conscientes en la vida, sea en el trabajo o en la familia imitar al mismo Cristo, en su entrega por amor a los demás. Hasta el último momento de su existencia optó por una vida sencilla, colocándolo al Cristo presente en el hermano, como centro de su vida. Él es el ejemplo para cada trabajador que vive la santidad desde su entrega de cada día.

Que el modelo de santidad de San Cayetano, nos ayude a priorizar “al otro” en nuestra vida de trabajo de cada día, significando cada tarea por encima de una recompensa, logrando así superar la crisis que vivimos como sociedad a nivel laboral, donde se promueve hacer poco y ganar mucho, costumbre que ha traspasado todos los estamentos de nuestra sociedad y que provoca tanto daño.

Que la fe nos ayude a superar los momentos de desaliento que vivimos como miembros de este rico y generoso país, recordando que sólo el trabajo nos permitirá realizarnos personalmente y lograr lo que necesitamos para una vida digna. Que San Cayetano interceda por nuestra Patria Argentina, para que juntos podamos celebrar una gran fiesta de solidaridad y amor.

P. Juan Rajimon svd


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