El 4 de octubre se celebra la fiesta de San Francisco de Asís, quien nos enseñó a cuidar nuestro medio ambiente, en medio de tantos avances tecnológicos de la modernidad que lo tiene al margen. Es oportuno que podamos reflexionar sobre la vida y las enseñanzas de San Francisco, que nos invita a vivir en comunión con Dios y con la belleza de la creación, que es la naturaleza que nos rodea. El ejemplo de vida de San Francisco nos impulsa a reconocer el gran valor de la persona en su relación con la naturaleza.

San Francisco de Asís nos recomienda ser agradecidos con la maravillosa obra de Dios que es la creación. Él nos exhorta que alabemos al autor de la vida con esta bella oración: “Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol… y por la hermana nuestra madre tierra… Alabado seas, (…) por aquellos que perdonan por tu amor… bienaventurados los que sufran en paz, porque de Ti, Altísimo, coronados serán”.

El ejemplo de San Francisco nos insta ampliar nuestros horizontes para que la vida no sólo esté centrada en el bienestar, sino que se pueda pensar en un hábitat acogedor para todos los seres vivos de hoy y de las futuras generaciones. Nos anima a asumir la responsabilidad de cuidar la casa común que nos fue confiada a cada uno con gratuidad plena, ya que nos viene del inmenso amor de Dios.

En un mundo moderno que habla y se preocupa cada vez más por el crecimiento y desarrollo económico y tecnológico de los pueblos y naciones, San Francisco nos empuja a poner valor a tantas cosas que son gratuitas y de la que somos custodios en esta vida: el universo, la naturaleza, los animales, cada ser humano que comparte la vida en este mundo, que nos abre a una nueva fraternidad.

Él mismo, reconociendo el gran valor de la hermosura de la creación de Dios, optó por vivir una vida austera, dejando de acumular las cosas que no eran necesarias en la vida. Una buena parte de su existencia dedicó a la oración y hasta vendió sus riquezas para compartir con los más necesitados de la sociedad. Su desapego de lo material le daba una libertad de espíritu que le hacía descubrir la belleza de todo como resplandor del Creador del bien y la belleza. Su estilo de vida nos enseña a vivir cerca de Dios y no de las cosas materiales. Saber encontrar en la pobreza la alegría, ya que para amar a Dios no se necesita nada material.

Él nos invita a reconocer nuestra dignidad personal, basada en la riqueza de nuestro ser racional y libre, tiene la misión de estar en armonía con uno mismo y con los demás. Estamos llamados a vivir desde una consciencia sincera en cuanto al cuidado de la ecología y la conservación del medio ambiente, que es necesaria no sólo para las próximas generaciones, sino también para el presente de nuestra vida social y comunitaria.

San Francisco nos enseña a vivir con humildad y sencillez, confiando en el amor y la providencia de Dios. Tuvo un corazón alegre y humilde. Supo dejar no sólo el dinero de su padre, sino que también aceptó la voluntad de Dios en su vida. Fue capaz de ver la grandeza de Dios y la pequeñez del hombre en la naturaleza y gozaba de la presencia cercana de Dios en todo momento.

La gran riqueza espiritual que nos regala San Francisco, hoy más que nunca, es una oportunidad para lograr el verdadero equilibrio que necesita la humanidad. Esta espiritualidad sigue viva a través de la Orden de los Franciscanos, que él mismo fundó. Estamos llamados a vivir desde la fe y la confianza en Dios. Él nos enseña a encontrar la felicidad en la cercanía de Dios y gozar de tantas bendiciones que recibimos de la gratuidad y del amor de Dios.

P. Juan Rajimon svd


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