200421

En medio de la alegría pascual que estamos compartiendo, también seguimos limitados por el impacto de la pandemia que ya es una preocupación mundial. Creo que, en medio de tantas incertidumbres, llenarnos de la fuerza espiritual nos ayudará a superar las grandes consecuencias que va dejando el aislamiento, las nuevas formas de relacionarnos como personas y familias.

Aunque una crisis como la de esta magnitud que estamos atravesando, nos suele dejar graves consecuencias, como la hemos visto en la vida de nuestros niños y jóvenes durante un largo tiempo de aislamiento, la actitud optimista y la confianza en Dios nos permitirá enfrentar los contratiempos y mantener la calma interior. Cuando contemplamos con serenidad todo lo que estamos viviendo, nos damos cuenta de que son muchas las bendiciones y oportunidades que Dios nos regala a pesar de las adversidades.

La nueva forma de vida que hemos asumido desde que iniciamos la pandemia, ha cambiado nuestros hábitos, nuestra forma de relacionarnos los unos con los otros. Aunque nos hemos alejado de las reuniones sociales y fiestas, este tiempo nos brinda una gran oportunidad para renovar y fortalecer nuestras relaciones interpersonales, haciéndonos cada vez más humanos y fraternos hacia el interior de cada hogar. Es un tiempo que nos invita a fortalecernos espiritualmente en cuanto a nuestra relación con Dios y con nuestros seres queridos para enfrentar los momentos difíciles que nos toca vivir.

Este tiempo nos invita a fortalecer la comunicación interpersonal. Con los grandes avances tecnológicos tenemos abundante información y podemos comunicarnos con nuestros seres queridos en el momento, sin embargo, vivimos en soledad, con falta de tiempo para las personas mayores, falta de diálogo sincero hacia el interior de cada hogar. Por eso, todo este contexto de pandemia es una oportunidad para re significar las relaciones interpersonales y fortalecer los vínculos intra-familiares que muchas veces se ven afectados por tanta superficialidad.

Este tiempo de aislamiento y el miedo generalizado que se vive por temor al contagio, pone en evidencia los límites que tenemos como seres humanos y nos recuerda de cuánto necesitamos del otro para nuestra existencia. Nos invita a superar el egoísmo y pensar en el bien común, por encima de tantos intereses mezquinos que suelen reinar en nuestro mundo.

La pandemia nos ha abierto a un nuevo mundo de relaciones por medio de la tecnología. Hemos superado las barreras de la distancia estando cerca de nuestros seres queridos a través de las plataformas que nos conectan: para relacionarnos, para aprender, para trabajar, para orar juntos, etc. De allí la importancia de valorar la gran oportunidad que nos trae el mundo de la tecnología y reconocer que debemos aprender a usarla para poder insertarnos en esta nueva sociedad digital.

Este tiempo de cuarentena, nos enseña que la mejor manera de cuidarnos es preservando y protegiendo al otro. Nos impulsa a una fraternidad y solidaridad mundial que nos inspira a cuidar toda la humanidad y así darnos cuenta de lo importante y necesario que somos los unos para los otros. Celebramos la bendición de tantas personas que han arriesgado su vida para cuidar a los demás, como son los agentes de salud y los servicios esenciales de nuestra sociedad.

Este tiempo de crisis nos invita a priorizar la esencia de nuestra vida, que es la misma persona humana. Nos mueve a encontrar el verdadero sentido de la vida, que no pasa por acumular bienes y riquezas, sino poder significar la misma vida que nos recuerda que somos caminantes y peregrinos en esta tierra y que la vida se multiplica en el compartir generoso. Que la solidaridad y entrega fecunda de cada día, siga multiplicando vida y bendiciones en medio de tantas dificultades que enfrentamos.

P. Juan Rajimon svd