
El 10 de mayo, el Papa Francisco publicó la carta apostólica “Antiquum ministerium”, con la que establece el “ministerio laical de catequista”, la que nos invita a reflexionar sobre el gran valor de la evangelización en nuestro mundo, pero que necesita ser animada por la fuerza del Espíritu Santo. La vocación del catequista es clave en este anuncio, ya que actúan como verdaderos impulsores en los niños y jóvenes, que necesitan ser guiados para crecer en la fe.
En el marco de la próxima celebración de pentecostés, es bueno que podamos reflexionar sobre esta dimensión tan importante de nuestra fe: “el de anunciar la verdad de Cristo” y ser sembradores de esperanza. En un mundo globalizado, a través de esta carta apostólica, el Papa nos invita a comprometernos con nuestra fe bautismal, viviendo el llamado a ser animadores de la fe de centenares de niños y jóvenes de nuestra sociedad. Es enseñarles a caminar tomados de la mano de Jesús y confiando en el amor del Padre que nunca nos abandona.
Creo que hoy, más que nunca, se necesitan cristianos valientes que vivan, anuncien y formen a las personas en la fe. El catequista tiene la misión insustituible de transmitir y profundizar la fe, fortaleciendo la espiritualidad cristiana, en un mundo sacudido por tantas adversidades. Cada catequista tiene la misión de transformar la sociedad, basándose en los valores del Evangelio. En este sentido, la misión del catequista trata de anunciar la belleza de la verdad y la fe en Cristo que nos sostiene en todo momento. Nos animan a experimentar los valores de la fe en el mundo social, político y económico en el que vivimos y crecemos.
El ministerio del catequista, como nos recuerda nuestro querido Papa Francisco, es ser “testigo de la fe, maestro, mistagogo, compañero y pedagogo. El catequista está llamado a ponerse al servicio pastoral de la transmisión de la fe desde el primer anuncio, pasando por la preparación de los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente”. El ministerio laical del catequista da un mayor énfasis al compromiso misionero que han asumido centenares de catequistas con su servicio y entrega generosa.
Este ministerio laical de catequista, tiene también “un fuerte valor vocacional”, porque “es un servicio estable prestado a la Iglesia local” que requiere de un buen discernimiento, adecuada formación y acompañamiento, para que cada uno pueda crecer y madurar en la fe bautismal y anunciarla con la fuerza del Espíritu Santo.
Pero también es importante recordar, que el verdadero sustento anímico y espiritual del catequista, es el resultado de una vida de fe, nutrida por la oración y la meditación de la Palabra, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. Como toda vocación y misión seguirá creciendo y fortaleciéndose con el apoyo incondicional de todo hombre y mujer de fe.
Ojalá que este nuevo desafío que estamos asumiendo como Iglesia, sea una verdadera oportunidad para que muchas personas se sumen al anuncio del Evangelio, lo que permitirá la expansión del reino, fortalecernos en la fe y confiar en un Dios que nunca nos deja solos.
Pidamos para que la luz de la Palabra y la fuerza del Espíritu Santo, sigan animando y conduciendo nuestra vida. Y así, seamos muchos los que nos sumemos a esta hermosa misión de ser animadores de fe y sembradores de esperanza en este mundo de hoy.
P. Juan Rajimon svd
