
Una vez más, en medio de la pandemia, estamos iniciando el receso de invierno. Aunque no podremos concretar muchos programas de viajes o salidas por el aislamiento social, es bueno que podamos aprovechar este tiempo para tomar consciencia de lo valiosa que es la vida y las bendiciones que tenemos, sin lamentarnos por aquellas casas que nos faltan.
Más de una vez, el mundo materialista en el que estamos inmersos, nos hace creer que lo más valioso en la vida son las cosas que hacemos y no lo que verdaderamente somos como personas. A menudo vivimos preocupados y un tanto angustiados por las cosas que aún quedan pendientes por lograr en la vida. Este exceso de preocupación por las cosas que aún no hemos podido lograr, muchas veces son un impedimento para disfrutar las variadas y hermosas oportunidades de la vida.
Este receso invernal es un tiempo especial para contemplar nuestra vida interior y fortalecernos como personas, descubriendo el verdadero valor que somos. Si contemplamos nuestra vida, con todos los aciertos y desaciertos, nos damos cuenta de que lo más valioso no son los bienes que acumulamos, ni los éxitos que alcanzamos, sino lo que tiene su valor propio, es poder disfrutar las novedades de cada día, junto a nuestros seres queridos.
La Palabra de Dios nos recuerda que somos valiosos ante los ojos de Dios, y que podemos superar tantas preocupaciones con la confianza puesta en nuestro Dios: “No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán, ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. Observen cómo crecen los lirios del campo, no trabajan ni hilan, sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos…”(Lc 12,22-27)
El mismo Jesús nos anima a confiar en el amor y la providencia divina que nunca nos abandona. La vida siempre tiene sus problemas y altibajos, a veces nos deja sin fuerzas y otras con heridas profundas en nuestras relaciones interpersonales. Afrontemos tantas situaciones de nuestra cotidianeidad, con la confianza en que Dios cumplirá sus promesas. La fe nos llevará a mantener el justo equilibrio que todos necesitamos.
Uno de los errores que siempre nos aleja del verdadero centro de la vida, es la creencia que el hacer vale más que el ser. Es que el mundo moderno hace sentir que vales en la medida que hagas cosas, generes resultados positivos y que aportes a la producción. Por eso vivimos aplaudiendo a los que hacen cosas y generan buenos resultados. Que sepamos valorar la vida más allá de las cosas que generamos, gracias a que Dios nos ha bendecido con una gran inteligencia, trabajo, vocación. Descubramos el gran valor que tienen las personas que comparten la vida junto a nosotros cada día, los que dan sentido a nuestra propia existencia y felicidad.
Que este tiempo de reposo, sea una oportunidad para reconocer tantas bendiciones que nos rodean y lo valioso que somos cada uno, más allá de lo poco o mucho que hacemos. No sólo eres valioso cuando haces cosas maravillosas, sino también cuando te detienes a descansar con tu familia, a orar en la presencia de Dios, o cuando te detienes a causa de alguna enfermedad o por alguna fuerza mayor. Tú eres más valioso que todas tus obras. Reconozcamos el gran valor que tiene la vida y nuestra presencia en este momento histórico del mundo. Que esta pausa sea una oportunidad para valorar la bendición de la vida y todo lo que Dios nos ha dado. Feliz receso de invierno para todos.
P. Juan Rajimon svd
