Todo cristiano es enviado para hacer conocer y hacer realizar el plan de salvación y de amor del Señor de la vida. Así, nuestra mirada y nuestro actuar se llenan de este amor divino que hace germinar la esperanza y la vida, que transforma el entorno socio-humano y ecológico.

Esta misión de testigos de esperanza se traduce en propuestas siempre nuevas, según los lugares y las épocas. Por eso, el presente número de Spiritus propone una reflexión acerca de las dinámicas de la misión hoy y del horizonte hacia cual se abren.

+ Leer revista de Misionología (Spiritus, Nº 248)