La persona humana se descubre como identidad abierta a lo universal. Porque “en el cristianismo, y esto podría parecer paradoxal, identidad y universalismo no se oponen, sino funcionan juntos”.
La aventura de la sinodalidad, al que nos invita el Papa Francisco, ¿no será una bendición de Dios? ¿No es un paradigma concreto de la articulación entre identidades y universalismos?
En efecto, la sinodalidad “pone en evidencia la universalidad de la Iglesia y su misión, como también la diversidad de las culturas y de los contextos en donde la misión se desarrolla”. La misión de ser bendición de Dios, de hacer soñar (como Isaías y Miqueas) en la posibilidad de un mundo de justicia y paz, de ser signo y fermento.
+ Leer revista de Misionología (Spiritus, Nº 249)
