
El 22 de enero, el Papa Francisco nos ha invitado a celebrar como el Domingo de la Palabra de Dios. Es oportuno descubrir la importancia de esta invitación para reflexionar sobre el valor de la Palabra de Dios en nuestra vida, que “es ese tesoro que Dios nos ha regalado para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable».
El domingo de la Palabra de Dios, elegido por el Papa Francisco, nos impulsa a mantener viva la comunión desde la Palabra de Dios que une a distintas confesiones religiosas. Es un paso para fortalecer la comunión y diálogo entre las distintas religiones que apuntan hacia el mismo Dios por caminos distintos, pero siempre teniendo como centro el amor de Dios y la fraternidad entre hermanos. Como nos recuerda el mismo Papa Francico: “celebrar el Domingo de la Palabra de Dios tiene un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».
Creo que es oportuno que en medio de tantas realidades que vivimos a diario, dar un lugar a la Palabra de Dios para que nos anime y oriente, porque como nos recuerda el Papa Francisco: la Palabra de Dios “nos habla de vida». Aunque muchas veces hemos perdido ese contacto con la Palabra de Dios, es bueno que, por más pequeño que sea, empezar el día con un versículo de la Biblia para que sea nuestra guía y poder meditar y contemplar durante el día.
En una de sus homilías, el mismo Papa Francisco repite que la Palabra de Dios «es la carta de amor escrita para nosotros por Aquel que nos conoce como nadie más. Leyéndola, sentimos nuevamente su voz, vislumbramos su rostro, recibimos su Espíritu. La Palabra nos acerca a Dios».
La Palabra nos ayuda a sentir la cercanía de nuestro Dios, especialmente en medio de nuestras dificultades y problemas de la vida, como el mismo Jesús nos dice: “Vengan a mí los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11,28-30). Cuando nos abandonamos en manos de nuestro Dios, nos damos cuenta de que es Él que nos ayuda, nos reconforta y anima en los momentos difíciles de nuestra vida, cuando el desaliento y la tribulación nos visitan. Nos pide seguir su camino, vivir como él vivió. Es la mejor manera de encontrar nuestro descanso y nuestro gozo. Nos anima y nos da la fortaleza necesaria para seguir caminando en la vida.
Que esta invitación a seguir profundizando la Palabra Dios como inspiración para nuestra vida, sea una nueva oportunidad para acercarnos a la Palabra de Dios como fuente de vida personal y familiar para cada uno de nosotros. Seguramente en medio de tantas situaciones de crisis que atravesamos como país, la Palabra de Dios será la fuerza que nos impulse para seguir adelante. Como cristianos y bautizados sigamos anunciando la Palabra, como San Pedro nos dice: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20).
Vivamos el encuentro transformador con Cristo en su Palabra y sigamos anunciando, con nuestras vidas su mensaje de alegría y esperanza. Mostremos que Cristo vive en nosotros por lo que somos y hacemos. Llevemos la luz de Cristo para que resplandezca en el mundo.
P. Juan Rajimon svd
