
Estamos viviendo el mes en el que los católicos veneramos y honramos al Sagrado Corazón de Jesús, descubriendo así el amor incondicional de Jesús por la humanidad. También, el próximo domingo vamos a homenajear a todos los padres en su día. Es un día lleno de alegría y gozo, donde agradecemos a Dios el don de la vida y el amor generoso de los padres. En un mundo muy convulsionado, inmerso en una gran incertidumbre, los padres son protagonistas de la vida de sus hijos, en su misión de amar, educar, estimular, nutrir y formarlos para la vida. Son el sostén emocional para toda la familia, compartiendo esta misión con la madre.
Es oportuno que podamos contemplar el amor del Sagrado Corazón de Jesús que se hace realidad en cada hogar y en la misión de cada padre. Nos enriquece con su presencia y cercanía, dándonos fuerzas en las debilidades, alivio y fortaleza en nuestros cansancios, como nos dice el mismo Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11,28-30). En la grandeza del amor de Dios, recibimos la consolación para nuestros sufrimientos y angustias.
El Corazón de Jesús refleja la misión de cada padre y madre, nos invita a vivir centrados en el otro, siempre buscando la oportunidad de amar, servir y dar vida en todo momento, al estilo del mismo Maestro.
Ante nuestras dudas e incertidumbres de la vida, es bueno que nos preguntemos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Es lo que marca nuestro norte para ser fiel reflejo del amor de Jesús en nuestra familia, en nuestros trabajos y en nuestras comunidades.
La paternidad va de la mano con la misión educativa. Todo padre de familia tiene la misión de mantener un sano equilibrio entre la cercanía y afecto que necesita el desarrollo emocional de los hijos, marcando los límites necesarios en la vida. El Papa Francisco nos recuerda que el verdadero camino de felicidad se logra cuando se apuesta a la formación integral de los niños y jóvenes de nuestra sociedad. Un papá es feliz cuando su hijo actúa con sabiduría y rectitud. Es lo que uno ha enseñado: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud, enseñando lo que no sabías, corrigiendo los errores, haciendo sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto… (Papa Francisco).
Es un tiempo que invita a fortalecernos espiritualmente, confiando en nuestro Dios que nos sostiene en todas las circunstancias de la vida. Ojalá que podamos encontrar momentos para rezar juntos en familia, leer y meditar la Palabra de Dios, poder participar de la Eucaristía para agradecer por el don de la vida. Que en cada hogar exaltemos el don de la paternidad, con un corazón lleno de gratitud por la vida que se va fortaleciendo en cada familia, que es una verdadera escuela de amor donde aprendemos a aceptar las diferencias, a colaborar mutuamente, a superar los contratiempos juntos, con la confianza puesta en Dios, sabiendo que las adversidades son excelentes aprendizajes que fortalecen la persona y las familias.
Que el evocar el próximo domingo, el Día del Padre, sea una verdadera oportunidad para fortalecer los vínculos familiares, celebrando la bendición de ser familia donde reina la paciencia, el amor y la esperanza.
P. Juan Rajimon svd
