La comunidad parroquial de San Francisco Solano, Alto Comedero, Jujuy, realizó la Misión de Verano 2026, días de visitas, bendiciones y encuentros con las familias jujeñas, fortaleciendo la nueva comunidad de Santa María. Una crónica sobre el valor de ser «instrumentos de Dios» y el anhelo de los vecinos por un templo propio.

Fue muy inspirador ver como los jóvenes y miembros de la parroquia San Francisco Solano, cada año destinan parte de sus vacaciones para llevar la buena noticia de Jesús a cada casa del “Barrio 150 hectáreas”. Allí, se está levantando una comunidad nueva (Santa María) y esta fue la tercera misión de verano consecutiva en ese mismo lugar.
La misión comenzó previamente con tres días de campamento en Chijra (3 al 5 de enero), con el lema “Señor, ¿a quién iremos?” (Jn 6,46). Hubo una gran participación de más de cien jóvenes. El objetivo de la convivencia fue para que los jóvenes pudieran experimentar un encuentro personal con Dios de discernimiento vocacional y al mismo tiempo una preparación para la misión.
La gracia de esa preparación misionera empezó a dar sus frutos desde el primer día de la misión. Arrancamos con mucha alegría, con la Misa de apertura presidida por el párroco, P. Juan Meresoa, acompañado por los cohermanos del distrito de Jujuy y el P. Juan Stach (formador), quien nos acompañó en el predio de la capilla Santa María.
Fueron días intensos y llenos de gracia. Las actividades de cada día incluyeron: visitas a las familias del barrio, encuentros para compartir la Palabra y oraciones, bendiciones de las casas, juegos con los niños y jóvenes en la plaza de indios. Cada día terminaba con una misa con toda la gente.
Personalmente, lo que más nos conmovió a nosotros, Francis y Agustín como angolanos, fue la apertura y la calidez con la que nos recibieron en sus casas. Cada encuentro fue un recordatorio de la fuerza de la fe y de la necesidad de la comunidad para reunirse. Eso nos marcó.
Misionar es el mejor estado del hombre porque es un estado de servicio. De convertirse en instrumento puro de Dios. Porque Dios nos da la posibilidad de dejar de lado nuestros problemas, nuestras preocupaciones, para ser siervos de Él. Y de esa forma podemos amar al prójimo como Él nos pide que amemos.
En particular, nos conmovió también el entusiasmo y la disponibilidad de los jóvenes y agentes pastorales de la parroquia, que demostraron sus distintas capacidades y talentos para que la misión fuera un éxito. Ese deseo de servicio nos encendió los corazones.
Es un poco difícil describir y explicar lo que vivimos esos días. Esta comunidad no cuenta aún con un templo o capilla, sólo tienen un terreno que pertenece a la Diócesis, enfrente de la Plaza de Indios, pero la energía de la gente y su sueño ya están en acción. La construcción de la capilla Santa María será un signo de esperanza para la comunidad y el barrio. Muchos vecinos expresaron su ilusión por tener un lugar propio donde reunirse, celebrar y crecer juntos en la fe. Incluso varios se ofrecieron a colaborar con entusiasmo en las tareas de la obra, lo que nos llenó de gratitud y admiración.
Agradecemos de corazón la oportunidad que nos han dado de participar en esta misión, que fue también un aprendizaje para nosotros, y quedamos dispuestos para seguir acompañando, especialmente los jóvenes, en este camino de construcción comunitaria.
Francis y Agustín
Estudiantes verbitas de la Casa de Formación
