El domingo 10 de mayo nos uniremos como Iglesia para la 64ª peregrinación a la Ermita de Fátima, lo que nos permitirá reafirmar nuestra fe y pedir, como comunidad, la intercesión de nuestra Madre del cielo por tantas necesidades personales y comunitarias. La Madre nos enseña a no detenernos ni desanimarnos, sino que nos llama a confiar en la divina providencia para caminar con fe y esperanza en el camino de la vida.

Este año nos alienta el lema: “A Fátima en comunión, caminamos en misión”, animándonos a unirnos como Iglesia para reconocer nuestra vida de fe en la tierra colorada. Esto nos invita a mirar la historia de nuestra vida de fe como pueblo e iglesia, agradecidos por el paso de Dios y la entrega generosa de tantos misioneros y laicos comprometidos, que ayudaron a sostener nuestra fe en el pasado y nos anima a contemplar el futuro con esperanza.

Esta fiesta de Nuestra Señora de Fátima comenzó allá por un 13 de mayo de 1962, fecha en la cual, desde la Iglesia Catedral de la ciudad de Posadas, se realizó la primera peregrinación hacia la ermita de Fátima en la mitad del Kilómetro 8, por la ruta 12, en Miguel Lanús. Desde ese entonces, hace ya 64 años que los feligreses peregrinan, participan de la celebración principal y pasan todo el día en el parque del Centro de Espiritualidad y de la parroquia de Fátima.

Aquella primera peregrinación iniciada por el P. Floriano Oggier svd desde la catedral de Posadas, con los grupos Marianos de jóvenes y la Legión de María del Barrio Villa Urquiza, nos fue marcando un camino de fe a ejemplo de María, nuestra Madre. Cada vez que emprendemos una peregrinación manifestamos nuestra confianza en Dios, que es el verdadero sostén de nuestra misión como personas y familias. Reconocemos la presencia viva de un Dios que camina con nosotros, al lado nuestro, fortaleciendo nuestras fragilidades y adversidades.

María nos impulsa a creer y confiar en Dios, aún en medio de las dudas e incertidumbres de la vida. Ella nos enseña a caminar contemplando la inmensidad del amor de Dios que siempre nos acompaña. Cuando aprendemos a caminar confiados en el amor de Dios, no hay lugar para preocupaciones ni angustias, como nos recuerda San Pablo: “Dios hace todo para el bien de los que El ama” (Rom 8,28). En este año de tantas adversidades honremos a nuestra Señora de Fátima, poniendo nuestra mirada en la bondad y amor de Dios.

María nos catequiza a estar abiertos a la novedad de Dios, a emprender un camino de oración profunda y abandono en manos de nuestro Padre Dios, desde una gran humildad y sencillez. Ella nos llama a salir al encuentro del hermano necesitado con un gesto de amor y solidaridad. La visita que hace María a su prima Isabel es una invitación a seguir el ejemplo de nuestra Madre, saliendo al encuentro de nuestros hermanos necesitados, compartiendo, dando y sirviendo.

Que esta peregrinación sea una nueva oportunidad para fortalecer nuestra fe. Ella espera a sus hijos para demostrarnos una vez más, su amor maternal.

P. Juan Rajimon svd