Vivimos tiempos complejos, atravesados por pantallas que aíslan más de lo que conectan, donde el miedo y el ruido parecen ganar espacio en el corazón de nuestros jóvenes. Sin embargo, basta detenerse un instante para descubrir que el bien sigue abriéndose camino. Mientras algunos discursos buscan sembrar temor, miles de personas eligieron recientemente un camino diferente: pedalear juntas por la solidaridad.

La Bicicleteada Solidaria del Instituto Superior Roque González, fue un fiel reflejo de ello. Familias enteras compartiendo al aire libre, chicos riendo lejos de las pantallas y manos que se extienden para ayudar. En esos gestos sencillos vuelve a aparecer lo esencial. La esperanza no nace de negar los desafíos de este tiempo, sino de decidir qué alimentamos como comunidad. Cada encuentro auténtico y cada acto solidario es una forma de decirle a nuestros hijos que todavía vale la pena confiar en el otro. El mal hace ruido, pero el bien se construye silenciosamente con una fuerza infinitamente más profunda. Cuando una comunidad se une en el amor y el cuidado, siempre ilumina la oscuridad.

Este testimonio de fraternidad nos prepara también para celebrar nuestra Fiesta Patria en este 2026. Porque tanto ayer como hoy, los pueblos necesitan algo más que recursos o respuestas inmediatas: necesitan valores que los sostengan y el coraje de seguir apostando al bien aún en medio de las dificultades.

La Revolución de Mayo nació precisamente de esa valentía. Del sueño de hombres y mujeres que, movidos por ideales de libertad, justicia y dignidad, se animaron a construir un destino común aún en tiempos inciertos. Aquellos patriotas comprendieron que ninguna Nación puede levantarse desde el miedo o el individualismo, sino desde la confianza mutua, el compromiso y el amor por el prójimo.

A 216 años de aquel primer grito de libertad, seguimos enfrentando nuevos desafíos sociales, culturales y humanos. Y quizás hoy más que nunca necesitamos recuperar ese espíritu capaz de unirnos, dialogar y trabajar juntos por una sociedad más humana y solidaria. Nuestra libertad se consolidará plenamente cuando nadie quede excluido y cuando el bien común vuelva a ocupar el centro de nuestras decisiones.

El espíritu de lucha y el trabajo en equipo de los hombres y mujeres de 1810 deben motivarnos a dar lo mejor de nosotros mismos. En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos insta a superar las diferencias a través de la comunión, construyendo una auténtica amistad social mediante el encuentro y el respeto irrestricto por la dignidad del otro.

Comprendemos entonces que educar no es sólo enseñar contenidos, sino ayudar a que nuestros jóvenes descubran que la vida sigue teniendo sentido cuando se vive para los demás. A través de la educación, la contención y el ejemplo, debemos recordarles que ellos son el presente transformador de nuestra Patria. Nuestro sentimiento patriótico nos insta a comprometernos y a trabajar con honestidad por el desarrollo integral de nuestra querida Argentina, priorizando el bien común sobre los pilares innegociables de la libertad, la verdad y la justicia.

Que la fe y la confianza en Dios nos animen a seguir forjando nuestra Nación con entrega generosa. Invoquemos a Nuestra Señora de Luján para que interceda por nuestro pueblo y así honremos la libertad de esta amada Nación, asumiendo la responsabilidad de hacerla cada día más grande. Trabajemos firmes por una Patria libre y justa para todos, porque la Patria se construye con el amor y la solidaridad de todos.

P. Juan Rajimon svd