La fortaleza es la virtud que nos permite actuar con firmeza interior y así salir adelante ante las adversidades de la vida. En medio de tantas situaciones que estamos atravesando a causa de la crisis económica, la inflación, la falta de trabajo, es oportuno reflexionar sobre el valor y la virtud de la fortaleza.

La fortaleza nos capacita para resistir aquellos contratiempos, cansancios y los sufrimientos que son parte de la vida. Creo que en estos tiempos difíciles más que nunca debemos fortalecernos interiormente para poder caminar hacia delante en tantos proyectos personales y comunitarios para que nos llenemos de esperanza y seamos agentes de cambio en nuestra sociedad.

La palabra de Dios nos recuerda que la fortaleza es un don de Dios. Ella nos invita a confiar en la fuerza de lo alto, la que nos acompaña en todos los momentos de la vida. Nos ayuda a dominar nuestros temores y hasta nos mueve a la acción, sacrificando nuestras propias comodidades en favor de acciones nobles de la vida. Uno de los mejores ejemplos de fortaleza lo tenemos en el libro de Samuel, donde David recobra la fuerza interior para luchar contra Goliat, por la confianza plena en Dios (1 Sam 17,45). En nombre de Dios enfrenta y lucha para proteger al pueblo. Es la confianza en Dios que le da fuerza a David para realizar lo que humanamente parecía imposible.

San Pablo nos habla de la virtud de la confianza, animándonos a confiar en Jesús en todo momento de la vida: “Todo lo puedo en aquél que me conforta” (Fil 4,13). Con la presencia de Dios en la vida, no hay nada imposible para el ser humano. Y por encima de todo nos dice: “Por lo demás, reconfórtense en el Señor y en la fuerza de su poder, revístanse con la armadura de Dios… permanezcan firmes” (Ef 6,10-13). La virtud de la fortalece hace que el poder de Dios actúe en nosotros por la confianza que en él depositamos cada día.

La fortaleza de Dios sigue vigorizando a los discípulos, como San Pablo nos anima a dejar que el poder de Dios reine en nuestra vida y que crezca en nosotros el hombre interior (Ef 3,16-20). También se manifiesta en la confianza en Dios que nos permite ser testigos vivos de la misión y la paciencia ante las persecuciones, adversidades, y la perseverancia hace que se cumpla la misión de Dios en su vida.

La fortaleza es una virtud que está íntimamente unida al amor y que nos dota de esperanza, una esperanza que nos hace caminar hacia adelante, aún en los peligros de la vida. Porque sencillamente, como diría San Pablo, somos ciudadanos del cielo y estamos caminando hacia la vida eterna: “Pero no sólo esto: también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que las tribulaciones producen la paciencia; la paciencia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza, una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado”. (Rom 5,3-5)

Que la gracia de la fe en Dios, nos regale la virtud de la fortaleza en estos tiempos difíciles que estamos atravesando como personas, familias y comunidades.

P. Juan Rajimon svd


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