YO ESTOY AQUÍ (29º Domingo C – Lucas 18,1-8 / Éxodo 17,8-13 / 2Timoteo 3,14-4,2)
En el evangelio de hoy Jesús nos invita a que oremos sin desanimarnos, porque Dios nos escucha siempre. Nos invita a que oremos con fe, porque todo lo que pedimos en la oración, creyendo, lo recibiremos.
La oración es una charla de buenos amigos, es una conexión entre tú y el Señor. Dedícale un rato de tu tiempo por día a tu mejor amigo. Al igual que sucede con toda amistad, tu relación con Jesús se verá fortalecida si te comunicas con él francamente y con frecuencia. Esa es la esencia de la oración: comunicarse de corazón a corazón con el Señor.
No precisas estar en el templo, estar de pie o sentado, no necesitas estar en un lugar especial, sólo necesitas abrir tu corazón y charlar con el Señor. El orar nos ayuda a resolver problemas, aliviar penas, proporcionar alegría, darnos paz.
Nuestras oraciones mueven el corazón y las manos de Dios. La oración es poderosa, pero recuerda, que Dios trabaja en sus tiempos, no en los tuyos. ¡Ten paciencia!
Agustina Ayala
Parroquia San José, Crespo-Entre Ríos
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