
La Semana Santa nos abre las puertas hacia la luz de la resurrección, que ilumina las oscuridades de la cruz, el dolor, la pasión y la muerte. Esta Semana Santa que estamos peregrinando, nos llama a vivir con intensidad nuestra fe en Cristo y en el misterio de la resurrección, que es la esperanza de todo cristiano. En medio de tantas noticias desalentadoras que nos trae la pandemia, la resurrección de Cristo nos llama a la esperanza.
Es oportuno que profundicemos el misterio pascual, el camino de la pasion, muerte y resurreccion de Jesús, que contemplamos en las celebraciones liturgicas de esta semana. Es una gran oportunidad para fortalecernos espiritualmente e iluminar las oscuridades de la vida con la luz de Cristo que vence todas las tinieblas.
El camino hacia la Pascua lo iniciamos con la celebración del Domingo de Ramos, que nos invita a abrir el corazón a Jesús, para que sea nuestra alegría, fortaleza y esperanza. Nos exhorta a una confianza total en el amor del Padre, que nos sostiene en todo momento de la vida. Nos mueve a ser verdaderos discípulos en la humildad, en el servicio y en la entrega generosa. Con la certeza de la presencia viva de Dios, que nos llama a sembrar esperanza y ser fieles a la misión de Dios, aún en medio de las adversidades.
En la celebración de la última cena, el jueves santo, Jesús nos regala el mensaje del amor humilde y generoso. Él mismo prepara la mesa para sus discípulos. El anfitrión se hace esclavo, lava los pies y sirve la mesa, nos da el ejemplo de un amor incondicional y un sacerdocio centrado en el servicio humilde, es el sacerdocio que compartimos todos los bautizados. En esta Semana Santa nos unimos al sacerdocio de Jesús, en el amor puesto en acción en tantos sanatorios, hospitales, servicios públicos, cuidando y sosteniendo a tantas personas enfermas y necesitadas.
El vía crucis y la celebración de la pasión del Señor, nos invitan a contemplar la mano poderosa de un Dios que transforma el dolor en esperanza. A pesar de la sensación de injusticia y amargura que nos trae el dolor de la cruz, la esperanza de la resurrección nos da fuerzas para no rendirnos frente a nuestras cruces y nos llama a descubrir la belleza de la novedad de Dios que tiene preparada para nuestra vida. En medio de esta pandemia, pongamos todas nuestras cruces en las manos de la Cruz Salvadora y sanadora de Cristo.
El sábado de gloria, donde celebramos la Resurrección de Cristo, es un llamado a reavivar la experiencia de Dios en nuestra vida personal y comunitaria. Es vivir en carne propia la fuerza transformadora de la resurrección. Es abrir las puertas del corazón para que el espíritu de Dios reanime la vida, nos ayude a enfrentar las cruces cotidianas, con la certeza de la presencia de un Dios que camina con nosotros y la esperanza de un Dios que nos lleva a la victoria final.
Que en esta Semana Santa podamos vivir una profunda experiencia de Dios en la fe, acompañando el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, para hacer carne su amor incondicional y el gran espíritu liberador de esta Pascua. Ojalá en esta Semana Santa, podamos unirnos a Jesús en la gran confianza y abandono al amor del Padre Dios. Cada vez que nos cuesta sentir este amor de Dios, San Pablo nos invita a acudir a la oración como lo aconseja a Timoteo: “Te recomiendo que reavives el Don de Dios, porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza y de amor”. Aprendamos a confiar en el amor del Padre y vivamos la alegría de la resurrección.
P. Juan Rajimon svd
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