25/08/2009
Taller de “Cultura Indígena”
Se continuó la reflexión sobre la cultura indígena desde la perspectiva del “Otro” (Principio de alteridad). El otro en el contexto de la Santísima Trinidad es hermano. El hermano que se presenta en diferentes rostros. El rostro moreno indígena que revela también el “rostro” de Dios.
El pueblo indígena son personas con memoria y cultura. Durante la colonia su historia fue negada. Los historiadores catalogaron los acontecimientos de sus vidas en el pasado en pre-historia o pre-colombino y “oficializaron” que la verdadera historia sólo se refiere desde la llegada de los colonos. Esta afirmación demuestra una vez más la negación de la historia del pueblo originario. Sin embargo, el pueblo originario tiene historia continua. Más aún, ellos tienen memoria que sigue viviendo hasta hoy. La historia muchas veces es ideologizada y estática, pero la memoria es creativa y dinámica. Por lo tanto, no se puede borrar la memoria, además, apagar la memoria es una actitud violenta hacia al otro. Esta memoria más amplia que la historia es núcleo de una cultura.
El pueblo indígena es multicultural. Vive en diferentes lugares con su propia cultura que los identifica. Cada cultura humana crece en paralela con el otro. Cristo sale al encuentro a esta cultura, despojándose de toda seguridad y asume la fragilidad humana. Cristo también nos invita a dialogar con las distintas culturas del pueblo indígena, pero esto nos lleva a una situación incómoda, como Cristo crucificado, que muestra su fragilidad y desnudez.
La Iglesia y la Congregación del Verbo Divino, estamos invitados a dialogar con estas culturas con toda su complejidad. Tal como dice el documento del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, la Iglesia no se identifica sólo con una cultura, por lo tanto, ella no es monocultural. Es un desafío para la Iglesia y la Congregación acostumbrarnos a dialogar y buscar el sentido de la presencia de Dios en la pluralidad cultural. El diálogo no es una estrategia que pretende lograr la extensión de la Iglesia, sino una propuesta existencial donde nosotros con el interlocutor podamos construir algo nuevo.
Nuestro diálogo tiene que partir de la fe. La Santísima Trinidad es modelo de nuestro diálogo. Dios que crea la pluralidad cultural nos invita a dialogar en espíritu de solidaridad y amistad, en el encuentro con el otro. Junto con nuestro interlocutor podemos encontrar a Dios misericordioso que es el Padre de todos/as. Nos presenta un desafío como Congregación a tener más confianza en el otro. Sin confianza en el otro no podemos entablar un diálogo sincero.
¿Seremos capaces de tener confianza en el pueblo indígena, para que desde su contexto cultural construya un nuevo cristianismo?
Paulus Parung – CHI
Taller de “Migrantes”
La mañana inició con la motivación del P. Pepe Ferreyra, encargado de liturgia del taller. Y luego de la invocación al Espíritu Santo, la reflexión de la Palabra de Dios y un animado canto, los presentes se desplazaron hacia los lugares de sus respectivos talleres. Obviamente, antes de ello aparecieron los famosos avisos.
Los Cohermanos revisaron, junto al Hermano Roberto Duarte, los conceptos básicos para la comprensión del tema de reflexión. Enseguida llegó la hora de la reflexión personal, guiados por la descripción de la persona del migrante junto a las condiciones y características del fenómeno en las sociedades actuales. La mañana finalizó con la desafiante pregunta: ¿Qué respuesta misionera en la línea del diálogo profético tendríamos que dar hoy los Misioneros del Verbo Divino en América?
El Hno. Roberto indicó dos desafíos: Primero, la acogida fraternal con la que se requiere recibir al migrante. Segundo, la presencia del diferente trae un nuevo dinamismo y un cambio.
Por la tarde, la reflexión se enriqueció con los elementos bíblicos que iluminan la realidad de los migrantes desde dos cuestionamientos:
1. ¿Qué puede decirle al migrante el hombre nuevo del Evangelio?: en la revelación de Dios el migrante ocupa un lugar especial, Dios exige protección, tiene espacio especial porque Dios se vuelve migrante.
2. ¿Qué nos dice a nosotros el migrante como mensaje de buena nueva?: que abramos las puertas de nuestras casas. Que lo respetemos y nos respetemos. Trabajar por mejores condiciones en los pueblos y comunidades donde vivimos, para que la persona no sea vea forzada a emigrar.
La eucaristía fue el espacio para agradecer por lo reflexionado y el momento para solicitar al Espíritu Santo que permita a los Verbitas en PANAM, responder con audacia al desafío de la migración.
Francisco Javier Ramos Martínez – CHI
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